Con una frase lapidaria: "El Mapa de Ruta está
muerto, lo mató Israel", el presidente de la Autoridad
Nacional Palestina, Yasser Arafat, certificó el fracaso del
proceso de paz para una pretendida solución al sangriento
conflicto israelo- palestino, lanzado y capitalizado por
George W. Bush, una vez culminada la invasión y ocupación de
Iraq por tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Vía alternativa auspiciada, además, por la ONU,
la Unión Europea y Rusia, el Mapa de Ruta transitó desde sus
inicios por un tortuoso camino de extrema violencia,
represión, muerte, acciones suicidas, intransigencias y
divergencias, que lo convirtieron en un instrumento ineficaz
para el fin propuesto.
Al decir de otras organizaciones de la
resistencia palestina el Mapa de Ruta nació muerto, pues dejó
todas las ventajas e iniciativas en manos de Israel, que lo
repudió constantemente, y de Estados Unidos, que no prestó el
menor interés en implementarlo.
Fue sin dudas la criminal intransigencia del
primer ministro israelí, Ariel Sharon, la que lo anegó en
sangre, al continuar su escalada represiva en los territorios
árabes ocupados de Cisjordania y Gaza, el exterminio de la
población civil palestina, el asesinato selectivo de sus
dirigentes, los arrestos masivos, la destrucción de sus
viviendas, el incremento de los asentamientos de colonos
judíos y la construcción de un ignominioso muro de
segregación, que convierte en aldeas- guetos las poblaciones
palestinas.
Sharon, el carnicero de Sabra y Chatila, no
cumplió ni una sola de las "dolorosas concesiones" a las que,
dijo, el Mapa de Ruta comprometía a Israel, mientras exigía el
cese de la Intifada y de las acciones de la resistencia
palestina, las cuales califica de "terroristas".
La escalada de violencia generada por la
represión sionista y por la respuesta palestina han originado
desde el inicio de la Intifada de Al Aqsa, el 28 de septiembre
del 2000 ,hasta el presente, la muerte de tres mil 360
personas, de ellas dos mil 530 palestinas y 830 israelíes.
"El Mapa de Ruta está muerto, porque Sharon
estaba en su contra desde el principio; Bush lo vio solo como
una oportunidad para un foto con un fondo agradable, y
Mahamud Abbas no obtuvo de Israel y Estados Unidos nada que
pudiera presentar como un logro palestino" afirman los
analistas.
La renuncia de Abbas, primer ministro
palestino, grato a Washington pero no a Tel Aviv, significó el
tiro de gracias al infortunado proceso.
La cínica y alarmante declaración del
vicepremier sionista, Ehud Olmert, de que "el asesinato de
Yasser Arafat es una opción del Gobierno de Israel",
respaldada con el veto al proyecto de resolución en ONU contra
el horrrendo magnicidio, confirman las verdaderas intenciones
de Tel Aviv.
Desde la Conferencia de Paz de Madrid en 1991,
que adoptó los compromisos de "tierra a cambio de paz",
pasando por los Acuerdos de Oslo 1 y 2, los de Camp David,
Sharm El Sheik, Wye River y el actual Mapa de Ruta, la terca
actitud y falta de voluntad política del gobierno de Tel Aviv
ha hecho fracasar todos los proyectos para hallar una
solución pacífica, justa, honorable y permanente al cruento
conflicto entre israelíes y palestinos.
GÉNESIS DE UNA GRAN TRAGEDIA
La historicidad del cruento conflicto israelo-
palestino, se remonta a varios milenios, pues rebasa los
tiempos bíblicos; pero rechaza, por falta de fundamento real,
el pretendido, místico y proclamado derecho divino de Israel a
ocupar "la tierra prometida" por Dios, desde el río de Egipto
hasta el Eúfrates, a su profeta Abraham y a su descendencia
hebrea.
Realmente, la leyenda bíblica no puede ocultar
el hecho de que los primitivos y más antiguos habitantes de
estas tierras de Canaán, nombradas posteriormente Palestina,
son los palestinos actuales, descendientes de las tribus
cananeas, filisteas, jebuseas y otras que han residido
continua y permanentemente en ellas por más de cinco mil
años.
Pero la contemporaneidad de esta tragedia no es
más que la historia del colonialismo británico y la conquista
y usurpación por el Estado de Israel de los territorios de
Palestina, desde que fue proclamado el 15 de mayo de 1948,
sobre la injusta Resolución 181 de Naciones Unidas de 1947,
que dividió a Palestina en dos estados, uno hebreo y otro
árabe, que no llegó a concretarse, lo que trajo por
consecuencia una cruenta y larga tragedia que pervive hasta
nuestros días.
Israel ha hecho escarnio de las innumerables
Resoluciones del
Consejo de Seguridad de Naciones sobre los
inalienables derechos del pueblo palestino a un Estado
soberano e independiente y a su autodeterminación, en
particular a las 242 y 338, como a aquellas que son aplicables
a la Ciudad Santa de Jerusalén y al resto de los territorios
árabes y palestinos ocupados tras cinco guerras de rapiña y
expansión.
"Despojados de sus tierras, expulsados de su
propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y
asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo
impresionante de abnegación y patriotismo y son el símbolo del
crimen más grande de nuestra época", afirmó el Presidente
cubano Fidel Castro Ruz en su intervención ante la Asamblea
General de la ONU en 1979.
Mientras Israel y Estados Unidos no abandonen
su proyecto hegemonista y expansionista en el Oriente Medio, y
no se hagan realidad los legítimos derechos del pueblo
palestinos a su Estado, con Jerusalén como capital; el retorno
de sus millones de refugiados y la retirada incondicional
israelí de todos los territorios árabes ocupados, no podrá
lograrse una paz justa y permanente en la convulsa región.
Aunque pretenda, Israel no podrá exterminar a
todo el pueblo palestino, ni a sus dirigentes, que libran una
tenaz lucha de resistencia contra el invasor.
Una causa de la que Yasser Arafat es uno de sus
más genuinos representantes, histórico líder palestino, que un
memorable día ante la Asamblea General de la ONU pidió a la
comunidad internacional "que no dejará caer de sus manos la
rama de olivo", pues en la otra sostenía un
fusil.
Trabajadores 10 oct 2003