|
SANTIAGO DE CHILE, 6 de marzo (PL).— Los
monopolios de la desinformación engañan a muchos
y se afanan, con la mentira y la falsificación
de los hechos, por debilitar la solidaridad que
el pueblo cubano necesita y merece, denunció
Ricardo Alarcón.
El recién reelecto presidente de la Asamblea
Nacional del Poder Popular de Cuba planteó que a
ese infame juego se prestan algunos gobiernos y
políticos carentes de entereza, sumisos a la voz
de mando del gran genocida.
Bajo el título de Las Dos Cubas, el presidente
del parlamento cubano escribió un artículo sobre
las elecciones del pasado 24 de febrero en la
isla para la revista chilena Punto Final, que
circulará mañana.
Sobre las distintas versiones de prensa acerca
de los comicios cubanos, Alarcón planteó:
Tampoco nos sorprendió el desconcierto de
algunos autotitulados analistas y expertos en
Cuba".
Su especialidad, dijo, se limita a fabricar una
Cuba imaginaria y a imponérsela a audiencias
cautivas de los grandes consorcios manipuladores
de la información.
Es comprensible que a fuerza de inventar
mentiras —y tonterías, y de repetirlas sin pausa—,
lleguen a creérselas, comentó el dirigente
cubano.
Alarcón tomó el título de su artículo del
sociólogo norteamericano C. Wright Mills, quien
en su libro Escucha, Yanqui (1960) sostuvo que
había dos Cubas: la nuestra, la real, la de los
cubanos y aquella que otros fabrican con
prejuicios alimentados por el engaño y la
distorsión de los medios de comunicación .
Tras explicar en detalle todo el proceso de
debate y participación popular en los comicios
cubanos, denunció la política agresiva de
Estados Unidos contra la isla.
La amenaza que pesa sobre Cuba, recordó, es muy
grave. El pueblo cubano enfrenta el genocidio
más prolongado de la historia y que nadie tiene
derecho a ignorar.
Respecto a las recientes elecciones, Alarcón
afirmó que el 24 de febrero triunfó la unidad de
los patriotas, de las varias generaciones
actualmente activas en la sociedad cubana.
Se imaginaban que podrían dividirnos con su
sarta de especulaciones baratas, que serían
capaces de separarnos entre veteranos y jóvenes,
entre conservadores y reformistas. Les
demostramos que todos somos uno, subrayó Alarcón.
Lo hicimos —agregó-—desafiando, además, la
insólita amenaza de George W. Bush,
irresponsable y belicoso personaje, quien había
proclamado que no aceptaría un gobierno
presidido por Raúl Castro y que actuaría ágil y
decisivamente para impedir su instalación.
Alarcón dijo: Otra vez nos levantamos juntos los
pinos viejos y los pinos nuevos, según la
metáfora martiana, para asegurar la continuidad
de la Revolución, para renovar y fortalecer su
institucionalidad, para cambiar todo lo que haya
que cambiar, siempre sobre la base del consenso
más amplio y firme, para salvar la Patria y
perfeccionar el socialismo.
PL 06-03-2008 |