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Danzas Y Bailes Populares Tradicionales.. |
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Lic. Caridad B. Santos Gracia
A través de la Historia, las manifestaciones
danzarias han constituido un medio para satisfacer
las necesidades espirituales del Hombre. Ya desde
los remotos tiempos de la comunidad primitiva, estas
expresiones corporales estuvieron estrechamente
vinculadas con su vida, no sólo como forma de
satisfacción espiritual, sino también para cumplir
importantes funciones sociales al ser utilizadas
como medio de comunicación y de dominio de las
fuerzas de la Naturaleza.
Danzas de este carácter existían en suelo cubano a
la llegada del conquistador. Sin embargo, a
diferencia de lo acontecido en el resto del
Continente Americano --cuyas poblaciones autóctonas,
más numerosas y poseedoras de un mayor grado de
desarrollo cultural, pudieron sobrevivir al embate
de la Conquista--, en Cuba, la mayoría de las
expresiones danzarias, que formaba, de modo
paulatino, parte del areíto, fue desapareciendo, en
la medida en que se diezmaba la población aborigen.
Igualmente, ocurrió con otras de sus manifestaciones
espirituales.
Por ello, a diferencia del resto de los países
latinoamericanos, donde el ascendente prehispánico
desempeñó una de las funciones principales en la
formación de sus bailes tradicionales, el universo
danzario cubano es resultado de un largo proceso de
aportes multiétnicos, cuyos principales componentes
fueron las migraciones de las diversas regiones de
la Península Ibérica e Islas Canarias, así como las
del Africa occidental subsaharana, a las cuales se
agregaron luego las distintas migraciones
provenientes de algunas regiones de China y del área
del Caribe (Jamaica y Haití, principalmente). Es
apreciable en las expresiones danzarias
tradicionales, elementos propios de la tradición
hispánica y otros correspondientes a las diversas
etnias africanas que comenzaron a llegar a Cuba
desde el siglo XVI.
Las procedentes de las distintas regiones de Europa,
aunque en su mayoría se vincularon con la
celebración de festividades religiosas --patronales
y Altares de Cruz-- carecían de todo carácter
religioso, pues tenían como objetivo esencial el
establecimiento de relaciones y cohesión social de
los individuos, a la vez que contribuían a su
divertimiento y regocijo. Son, en lo fundamental,
bailes de parejas, propiciadores del acercamiento de
los sexos y del sentido de galanteo como elementos
primordiales.
Todas las expresiones danzarias legadas por los
distintos grupos migratorios, durante los primeros
siglos, se transformaron en el proceso de adaptación
a las nuevas condiciones socio-económicas, políticas
y territoriales donde se arraigaron, lo que originó
manifestaciones como el zapateo --con sus variantes
de interpretación-- y otras expresiones propiamente
cubanas, como las formas danzarias derivadas de la
contradanza, que transcendió el ámbito de los
salones y pasó a formar parte del patrimonio
popular.
Los grupos étnicos subsaharanos, también portadores
de una rica tradición danzaria, reprodujeron las
danzas religiosas dirigidas a sus deidades --que se
sincretizaron entre sí y con las de la religión
católica--, así como otros bailes, cuya motivación
principal era la diversión.
A fines del siglo XIX, ya es posible apreciar la
existencia en Cuba de géneros populares que conjugan
elementos aportados por inmigrantes hispánicos y
africanos y sus descendientes. Este es el caso del
complejo de la rumba y el complejo del son, de gran
vigencia actual y difundidos por todo el país, con
múltiples modalidades locales.
Las danzas tradicionales cubanas poseen gran una
importancia dentro de la identidad cultural, pues
aportan elementos que caracterizan al pueblo. Ellas,
al igual que el resto de las manifestaciones de la
cultura tradicional, adquieren un carácter colectivo
al ser creadas, asimiladas y trasmitidas como vía de
satisfacción de intereses expresivos con diferentes
significados sociales.
La presente investigación completa los estudios que,
en forma aislada e individual, o promovidos por
algunas instituciones, se han estado realizando en
relación con los diferentes géneros danzarios
tradicionales existentes en Cuba. Se posibilitó el
conocimiento de la problemática danzaria tradicional
con la delimitación de su vigencia e historicidad en
todas las zonas del país, lo que permite inferir el
valor de cada una de ellas. De igual modo, se
realizó la caracterización de los grupos danzarios,
considerando los pasos, movimientos, posiciones,
formaciones y coreografía en general; los
antecedentes étnicos, la indumentaria y los
accesorios que se utilizan en las diversas danzas,
en concordancia con las variantes regionales
existentes. Esto se ha logrado a partir de
agrupamientos que han ordenado todas las expresiones
corporales existentes, de acuerdo con tres elementos
básicos: motivación, forma que adoptan y
antecedentes étnicos.
La información que aparece registrada
cartográficamente, es el resultado del análisis de
los datos recopilados en el trabajo de campo,
obtenido mediante la aplicación de cuestionarios a
personas que poseían conocimientos de una o más
expresiones danzarias, así como por el estudio de
las fuentes escritas existentes sobre el tema.
El zapateado en Cuba sufrió modificaciones, lo cual
originó variantes como sucede en el resto de los
países hispanoamericanos. Los análisis morfológicos
de estos bailes corroboran su analogía con formas de
realización en la Península Ibérica, lo cual
reafirma su indiscutible hispanidad.
El zapateo cubano que alcanzó su mayor auge en la
segunda mitad del siglo XIX y se mantuvo hasta el
primer cuarto del siglo todavía es recordado en la
mayor parte del territorio cubano. De las tres
modalidades estudiadas: Majagua, Najasa y Holguín
sólo se mantiene vigente la variante primera, en la
provincia de Ciego de Avila, relacionada con las
fiestas campesinas de bandos.
Es de gran interés constatar que en el período en el
que se realizó la recopilación de este trabajo
todavía eran recordadas por numerosas personas, al
igual que en el caso del zapateo, las formas de
ejecución de las danzas denominadas, de salón o de
cuadros, llegadas a Cuba principalmente a través de
Francia y de España, desde fines del siglo XVIII y
durante el XIX, las que alcanzaron su mayor
desarrollo en el país en esta última centuria.
Estas danzas que, en sus inicios, sólo fueron
practicadas por las clases media y alta de la
sociedad cubana de entonces, trascendieron el marco
de los salones y llegaron a los grupos locales más
amplios, lo que les imprimió modalidades nuevas y
coadyuvó a mantenerlas vivas durante más de un siglo,
vinculadas, sobre todo, a las festividades
tradicionales del pueblo cubano. Debido a esto,
algunas de estas expresiones forman parte de la
cultura popular tradicional y se incluyen bajo la
denominación de bailes de salón, los que, en su
mayoría, han dejado de practicarse.
En el complejo del son están comprendidos los bailes
del son montuno, los que se extienden por el
territorio cubano; el changüí, propio de algunos de
los municipios de la zona oriental y el sucu-sucu,
en el actual Municipio Especial Isla de la Juventud.
Durante la investigación, se obtuvieron
informaciones sobre variantes del son montuno, las
que, en su mayoría, hoy no están vigentes.
Las congas y comparsas son formas danzarias que se
caracterizan por poseer un desplazamiento u
ordenamiento procesional y se acompañan con música y
cantos. Ambas presentan una amplia difusión y
adoptan diferentes denominaciones en el ámbito
nacional. Entre las congas-bailes sin estructura
coreográfica--, se incluyen las de carnaval de las
zonas occidental y central del país. Las congas
políticas y la rumba camagüeyana, los changüí de
charangas (occidental) y de parrandas (central) y el
montompolo de Santiago de Cuba también presentan
características análogas que permiten clasificarlos
en este grupo.
En las comparsas --bailes que presentan una
estructura coreográfica--, se incluyen las comparsas
artísticas de carnaval de las zonas central y
occidental, los paseos de la región oriental, la
conga camagüeyana y la oriental, así como los
montompolos de Guantánamo y Holguín. La mayoría de
estas manifestaciones está vigente.
Estas expresiones también estuvieron estrechamente
relacionadas con la celebración de otras
festividades no carnavalescas como las fiestas
patronales y laborales, donde era común la
celebración de verbenas o ferias y en las que se
organizaban congas y comparsas, que representaban
los diversos barrios.
El complejo de la rumba está constituido por los
bailes: yambú, guaguancó y columbia. De ellos, sólo
el guaguancó y la columbia se practican hoy, así
como la jiribilla, variante de la columbia. La mayor
difusión de este complejo danzario se presenta en
las provincias habaneras, Matanzas y Villa Clara y
con una difusión menor en el resto del territorio.
El guaguancó y la columbia son las formas danzarias
de este complejo que más se bailan en Cuba.
Las danzas asociadas al sistema religioso de la
santería están muy extendidas por todo el país.
Ellas poseen una amplia gama de modalidades y
estilos, conformadas por infinidad de pasos y
movimientos pantomímicos, los que responden a las
motivaciones y formas de danzar de cada oricha e
íntimamente relacionadas con sus historias y
tradiciones. Las danzas dedicadas a los diferentes
orichas: Elegguá, Oggún, Ochosi, Inlé, Babalú Ayé,
Obatalá, Aggayú Solá, Los Ibeyis, Changó, Oyá,
Yemayá y Ochún predominan en el área occidental,
pero abarcan un área muy extensa en el país, con
variantes en su ejecución y en otros elementos entre
la región occidental y oriental.
En la zona oriental no se cumple el orden estricto
en la ejecución de cada una de las danzas; las de
mayor incidencia son las dedicadas a San Lázaro (Babalú
Ayé) y Santa Bárbara (Changó). También se presenta
el orillé --baile en círculo, característico del
espiritismo de cordón -- y expresiones danzarias del
sincretismo de la santería con el palo monte. Este
último predomina en dos municipios de la provincia
de Santiago de Cuba. En este estudio también se
señalan los nombres de algunos grupos tradicionales
y cabildos que aún están vigentes.
Las danzas de los ritos iyessá son muy similares a
las de la santería y aunque estuvieron diseminadas
por algunas provincias durante el pasado y el
presente siglo, en la actualidad sólo se mantienen
en la ciudad de Matanzas y en la provincia de Sancti
Spiritus.
Los bailes vinculados con las fiestas y los ritos de
palo monte (de antecedente bantú), se manifiestan
principalmente en las regiones occidental y central,
aunque se registran también en algunos municipios de
las provincias orientales de Santiago de Cuba,
Holguín y Guantánamo, en general, cruzados con los
cultos de santería. El factor religioso es muy
importante en estas expresiones. En este grupo
poseen una connotación ritual, los bailes
denominados palo, kinfuiti, makuta, garabato y
basunde, así como los dedicados al culto de las
distintas entidades o fuerzas de la Naturaleza.
También se realizan otros bailes que, aunque tienen
una aparente motivación festiva, no se pueden
desvincular de un posible antecedente religioso.
Entre ellos, la yuka, el maní, la ombligada, la
masinga y la managua. El baile del tambor yuka, es
el que tuvo una mayor incidencia y fue revitalizado
en la provincia de Pinar del Río.
También es necesario señalar la existencia de otros
bailes de antecedente africano, provenientes de
grupos étnicos que, a pesar de estar más
concentrados territorialmente, en Cuba, forman parte
también de las tradiciones danzarias del país. Entre
ellos se encuentran los bailes arará, representados
por diferentes grupos, en las provincias
occidentales y centrales, principalmente en Matanzas
y Cienfuegos. También se aprecian elementos
característicos de estos cultos, pero sincretizados
con la santería, en Pinar del Río, Ciudad Habana, La
Habana y Villa Clara. Estas manifestaciones
danzarias, en su forma más pura, se ejecutan en la
provincia de Matanzas (municipios de Perico,
Jovellanos, Cárdenas, Agramonte y Matanzas).
Cada una de sus deidades, denominadas foddún, tiene
muy definidos sus bailes propios, en los que
predominan los elementos miméticos. Los rasgos
sicológicos de estos foddunes son muy parecidos a
los de la santería, mientras que sus diferencias
principales están dadas por la ejecución de sus
pasos y movimientos.
Las sociedades secretas masculinas denominadas
abakuá poseen sus bailes característicos y en todas
sus ceremonias intervienen entes enmascarados
llamados íremes --conocidos popularmente como
diablitos--. Estas expresiones danzarias sólo se
mantienen en las provincias Ciudad de La Habana y
Matanzas, lugares donde se concentran estas
sociedades.
Los bailes de los ritos denominados gangá, aunque a
fines del siglo XIX y principios del XX se
manifestaron en diversas regiones de la provincia
Matanzas, actualmente sólo se encuentran en uno de
sus municipios: Perico. Al igual que en la santería,
cada deidad presenta sus bailes característicos
acordes con la tradición que las sustenta.
La migración de franco-haitianos y de sus dotaciones
de esclavos hacia Cuba, como consecuencia de la
Revolución de Haití, a fines del siglo XVIII,
favoreció la creación de sociedades de socorro y
ayuda mutua, denominadas de Tumba Francesa, las
cuales sólo se mantienen en las provincias Santiago
de Cuba y Guantánamo. Sus danzas, nombradas fronté,
yuka y mazún poseen el estilo de los bailes de salón
franceses y son practicadas hoy por sus
descendientes cubanos en las provincias señaladas y
en la localidad de Bejuco, provincia de Holguín,
como resultado de la revitalización cultural
realizada.
Los haitianos llegados a Cuba en el siglo XX, se
asentaron principalmente en la región oriental (Ciego
de Avila, Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma,
Santiago de Cuba y Guantánamo) y en algunos
municipios de Villa Clara y Sancti Spiritus. Sus
danzas, todavía practicadas por grupos tradicionales
de haitianos y sus descendientes, comprenden
manifestaciones de carácter laico y religioso,
asociadas a cantos de trabajo y otras que
consideramos con doble acepción al ser utilizadas en
ambas festividades. Actualmente, se destaca, en el
período de la Semana Santa, la práctica del
Bande-Rará o Gagá, que recorre los bateyes, donde
residen los haitianos y sus descendientes en algunas
provincias como Ciego de Avila, Camagüey, Las Tunas
y Santiago de Cuba.
Los canarios asentados, principalmente, en las zonas
occidental y central del país (Pinar del Río, La
Habana, Cienfuegos, Villa Clara y Sancti Spiritus),
sólo mantienen vigentes sus tradiciones danzarias en
algunas localidades de Sancti Spiritus.
La influencia de los bailes gallegos y catalanes se
constata en las provincias Ciudad de La Habana y
Matanzas, en festividades denominadas Colla de Sant
Mus y Colla de Monserrat.
Por último, la presencia de inmigrantes jamaicanos
se destaca en algunos municipios de las provincias
de Ciego de Avila, Camagüey, Las Tunas, Santiago de
Cuba, Holguín y Guantánamo, así como en Ciudad de La
Habana (municipio Marianao). En el Municipio
Especial Isla de la Juventud, estas manifestaciones
musicales-danzarias son practicadas por los
caimaneros (inmigrantes de la Isla de Gran Caimán y
sus descendientes), conjuntamente con el sucu-sucu
pinero. Los bailes de antecedente jamaicano no están
vigentes en las provincias señaladas, excepto en
Ciego de Avila, donde aún se hallan algunas
manifestaciones en el municipio Baraguá.
Muchas de las danzas que hemos mencionado son
actuales en algunos municipios y provincias del país;
otras, que poseían un carácter histórico, en muchos
casos, se han rescatado en el repertorio de
numerosos grupos de artistas aficionados y
profesionales, lo cual ha contribuido al
enriquecimiento del quehacer cultural de muchas
localidades del territorio nacional.
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Música Popular Tradicional. |
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Lic. Marta Esquenazi Pérez
La música ocupa un lugar de gran importancia para el
conocimiento de la cultura popular tradicional, ya
que se encuentra presente en todas las etapas del
ciclo de vida del Hombre.
Desde que nace, oye el arrullo de la madre;
posteriormente canta en sus juegos infantiles y,
cuando es adulto, lo hace en el que hacer cotidiano
y en los momentos de alegría o de misticismo
religioso.
El estudio de la música popular tradicional
contribuye a profundizar en los mecanismos
sicológicos y sociológicos que impulsan al ser
humano a conservar su acervo cultural, por lo
estrechamente ligado que éste se encuentra a su
razón de ser. Ella se integra a los pensamientos y
acciones del Hombre, y le permite exponer sus ideas
y sentimientos. En ese sentido, las tradiciones y
costumbres coadyuvan a la transmisión y conservación
de formas de expresión vitales, para que cada
persona, dentro de su comunidad, se sienta parte
activa de ella y pueda compartir sus preocupaciones
y emociones en el grupo social al cual pertenece,
así como satisfacer sus necesidades espirituales.
Si esa integración no ocurre, el individuo sufre un
proceso de desarraigo que puede llevarle a la
enajenación. De ahí la importancia de la
conservación de los valores culturales tradicionales
y de la música como parte indisoluble de éstos.
En el presente estudio cuando se analiza el hecho
musical en diferentes períodos históricos, se
evidencia la evolución que ha experimentado la
música popular tradicional tanto en su estructura
como en los conjuntos instrumentales utilizados; y,
a su vez, se definen las características
predominantes.
Toda la música estudiada se considera cubana, aunque
haya sido posible distinguir los antecedentes
étnicos de algunas expresiones, no obstante los
profundos procesos de transculturación ocurridos.
Estos se han efectuado de forma continua, y en ellos
se identifican y amalgaman elementos de diversas
procedencias.
El análisis morfológico de cada género ha
contribuido al conocimiento de estos procesos
evolutivos, lo cual permite deslindar, además, las
diferentes variantes o estilos de cada manifestación
musical.
Nuestra música ha sido investigada por eminentes
especialistas; sin embargo, la mayor parte de los
trabajos se refiere a los rasgos culturales
observados en el área occidental del país,
principalmente en La Habana, como si se comportaran
de igual forma en todo el territorio nacional.
Además, tienden a ser parciales, puesto que sólo se
han estudiado algunas temáticas, entre las que
podrían mencionarse la música, de antecedente
africano, y el son; mientras que otros géneros han
sido poco tratados (cantos de trabajo y música
carnavalesca, por ejemplo). En la presente
investigación se ha tratado de eliminar esta
dificultad, al abarcar una amplia gama de géneros y
analizar su comportamiento en todo el territorio
nacional, tanto en zonas urbanas como rurales, lo
que posibilita definir las diferencias regionales
existentes.
La clasificación empleada combina varios factores.
En primer lugar, se utilizó el criterio de la
función de la música dentro del ciclo de vida del
Hombre. En un segundo orden de importancia se
analizan los géneros, estilos musicales y conjuntos
vocales e instrumentales. En cuanto a la música
religiosa fue necesario precisar los antecedentes
étnicos, debido a que cada uno de ellos posee
diferentes manifestaciones musicales, lenguajes y
conjuntos instrumentales.
En varias temáticas se incorporan aspectos
históricos, como la existencia de determinadas
expresiones o agrupaciones musicales existentes en
el siglo XIX, obtenidas generalmente en archivos. En
algunos géneros se estableció la evolución
cronológica de los conjuntos instrumentales durante
el presente siglo, con una división operacional de
tres períodos de treinta años cada uno. El primer
período (1900-1930) se caracteriza por la
instauración de la república y la presencia
norteamericana; en el segundo (1931-60) prevalecen
las luchas contra los gobiernos republicanos que
culminaron con el Triunfo de la Revolución en l959.
Finalmente, el último período (1961-90) se
desarrolla en el gobierno revolucionario. La música
no escapa a la influencia de estos cambios
históricos; las congas políticas, por ejemplo,
cambian sus contenidos de acuerdo con la situación
imperante: chambelonas liberales vs. congas
conservadoras en los dos primeros períodos, congas
en apoyo a la Revolución, en el último.
Para la representación cartográfica de los fenómenos
estudiados se comienza con la música vinculada con
la infancia, o sea, los cantos infantiles. Las
tipologías principales se elaboraron de acuerdo con
el proceso de crecimiento del niño: cantos de cuna,
juegos para bebitos, canciones infantiles, juegos
cantados y rondas . Además, se reflejan las formas
poéticas empleadas en estos cantos, los romances y
romancillos que, generalmente, son cantados en forma
de ronda y se estudian como formas poéticas
independientes; en ellas se desglosaron las
temáticas tratadas: escenas familiares, jocosas,
religiosas y aquellas que se refieren a personajes
históricos y tragedias familiares. En esta
clasificación, se consideró la propuesta de Carolina
Poncet en su libro El romance en Cuba, a lo cual se
agregó la distinción entre romances (versos
octosílabos) y romancillos (versos de siete y seis
sílabas); también se incluye el ciclo de romancillos
sobre palomas.
A continuación se presentan los cantos de trabajo,
divididos en: cantos para el arreo de ganado, de
carreteros, de cobijar o techar, de labores
agrícolas, domésticas y marítimas, de otros oficios,
así como pregones y toques de amolador, con un
desglose de las mercancías que se ofrecían en los
pregones.
Para la música religiosa se establece la distinción
entre la relacionada con el catolicismo y aquella de
antecedentes subsaharanos. En el primer grupo se
encuentran, principalmente, la celebración de la
Navidad y los Altares de Cruz. Dentro de la Navidad
encontramos los coros que cantaban villancicos, ya
fuera en Iglesias, ya en casas particulares o por
las calles; las trullas de a pie y de a caballo,
grupos que con "tiple y carracho [güiro] bajo el
brazo", cantaban coplas por las calles, alusivas a
la fecha; así como los coros de clave y tonadas
trinitarias, que realizaban sus competencias durante
esta época del año. Este grupo se completa con las
charangas y parrandas navideñas, en las que los
barrios contendientes del pueblo preparan sus congas
con textos provocativos o triunfalistas. En la
celebración de los Altares de la Cruz de Mayo se
formaban coros, que competían entre sí por la
obtención de los artículos colocados en el altar.
La música de antecedente subsaharano se dividió de
acuerdo con la procedencia étnica, como se explicó
anteriormente, en que cada grupo posee su lenguaje,
deidades, mitos, ritos, cantos, toques y conjuntos
instrumentales. Esta música se caracteriza por ser
eminentemente religiosa, aunque, en ocasiones, puede
utilizarse un conjunto instrumental para la
interpretación tanto de música religiosa como laica;
es lo que ocurre con el conjunto del tambor yuka de
antecedente congo, empleado para acompañar los
cantos de los ritos de palo monte (mayombe, briyumba
y kimbisa) y para bailar la yuka, con su carácter
festivo.
Teniendo en cuenta diversos factores como la
procedencia geográfica y algunas similitudes
culturales, se agruparon en un mapa las expresiones
musicales de origen gangá y mandinga. Igualmente se
hizo con los de procedencia arará y mina. La música
de antecedente carabalí comprende tanto la música de
los cabildos como la de las sociedades abakuá. Por
último, se presentan por separado, las agrupaciones
musicales de origen bantú o congo y lucumí. Las
congas abarcan las agrupaciones musicales de
cabildos (históricas y vigentes), empleadas en la
actualidad, y las yoruba o lucumí (donde se incluye
el iyessá).
Este último conglomerado étnico posee una
manifestación religiosa conocida como santería, muy
arraigada en la población cubana. Su música presenta
una tremenda complejidad de formas y conjuntos
instrumentales, derivada del proceso de sincretismo
entre los distintos cultos en cada región.
El espiritismo ejerce una fuerte influencia en las
expresiones religiosas mencionadas y, por tanto, en
sus manifestaciones musicales, debido al creciente
auge que está adquiriendo en su paulatina difusión
desde oriente hacia occidente; también se estudia la
música del espiritismo de cordón y la del
espiritismo cruzado con la santería y el palo monte.
En sentido general, se observa un predominio de la
influencia subsaharana hacia la zona occidental, que
se evidencia tanto en los géneros como en los
conjuntos instrumentales y en la música que se
ejecuta. En esta región se tiende a conservar, de
forma bastante ortodoxa, la variedad de toques
dedicado a cada deidad, el texto en la lengua de
origen (yoruba, diferentes dialectos bantú y otros)
y el uso de tambores como es el caso de los batá.
Hacia el centro de la Isla, estas manifestaciones
están localizadas sólo en algunos lugares, sin
extenderse a grandes áreas . En oriente, vuelven a
desplegarse, pero cualitativamente difieren de la
región occidental, sobre todo, en los conjuntos
instrumentales dado que los tambores específicos de
cada ritual son sustituidos por tumbadoras, bocús y
bombos y se emplean menos toques para acompañar los
cantos a las deidades. En los textos de estos cantos
orientales, el uso de vocablos de antecedente
africano es mínimo y sí hay un mayor uso del español.
También se estudió la música proveniente de otros
países como Haití;por su importancia, la influencia
franco-haitiana debe agregarse a la africana y a la
hispánica, aceptadas como raíces principales de
nuestra música tradicional, pues domina en toda la
zona oriental, desde Ciego de Avila hasta Guantánamo.
Esto se evidencia en varios géneros musicales, como
la conga de estilo oriental, que adquiere su ritmo
característico al adoptar las células rítmicas del
toque masón, propio de la tahona franco-haitiana y
en la música de la santería, en la cual se incluyen
deidades, cantos y toques procedentes de los cultos
del vodú haitiano.
Existieron dos momentos históricos importantes en
esta marcada influencia cultural: El primero
corresponde a los finales del siglo XVIII e inicios
del XIX, al producirse la Revolución haitiana y la
primera migración masiva desde este país hacia Cuba.
Su manifestación músico-danzaria más estudiada es la
Tumba Francesa; y el segundo ocurre en las primeras
décadas de este siglo. De esta última oleada
migratoria lo más investigado es el Bande-Rará de la
Semana Santa. Sin embargo, estos grupos son
portadores de diversas expresiones musicales poco
conocidas.
Ambas oleadas migratorias se asentaron,
preferentemente, en la zona oriental del país y
ejercieron una influencia prolongada, que ha
originado una forma de hacer música en estos lugares
muy diferente a la que se estila en otras regiones.
Para su mejor comprensión, la música procedente de
Haití se desglosa en dos épocas: siglos XVIII-XIX y
siglo XX. En ambos casos, a la vez que se reflejan
los conjuntos vocales e instrumentales, se expresa
su dinámica histórica y su carácter laico o
religioso.
Las manifestaciones musicales, traídas por otros
emigrantes llegados a Cuba entre finales del siglo
XIX y comienzos del XX, se desglosan por las
nacionalidades de origen: Antillas anglohablantes y
Estados Unidos de Norteamérica, Asia, Medio Oriente
y, finalmente, España. En ellas se señalan grupos
vocales e instrumentales con carácter vigente o no,
así como sus referencias históricas.
El análisis de esta información comprueba que la
música, procedente de las Antillas anglohablantes:
Jamaica, Barbados y Gran Caimán, entre otras, tuvo
cierta repercusión en algunas zonas de Cuba, a
principios del siglo XX, pero fue desapareciendo
paulatinamente del contexto cubano. Hoy sólo quedan
dos grupos vigentes: uno en Baraguá, provincia de
Ciego de Avila, que se inclina a mantener los rasgos
culturales antillanos y otro, en la Isla de la
Juventud, en cuya evolución adopta elementos
musicales cubanos.
De la música procedente de Asia y Medio Oriente,
sólo la china logró una mayor expansión; en la
Ciudad de La Habana han sobrevivido grupos
musicales, integrados por chinos y sus descendientes.
Algunos instrumentos de esa procedencia han sido
adoptados por expresiones musicales surgidas en
Cuba: como ocurrió con la cajita china incorporada
al conjunto instrumental del complejo de la rumba, y
la trompeta china en las congas orientales.
La música de antecedente hispánico está presente en
toda la Isla, principalmente a través de los cantos
infantiles y de trabajo. Pero, si se observa
cuidadosamente, se notará que tiene mayor fuerza en
las provincias centrales del país: Villa Clara,
Sancti Spiritus, Cienfuegos y parte de Ciego de
Avila, donde los estilos del punto guajiro, las
parrandas navideñas y otros géneros de antecedente
hispánico, poseen una gran riqueza en cuanto a su
variedad. Resulta interesante también la
conservación de los coros de Altares de Cruz de Mayo
y de romances arcaicos en zonas apartadas de la
región oriental como Baracoa. A todo esto, debe
agregarse el impacto de los grupos llegados con las
últimas oleadas migratorias entre finales del siglo
XIX y principios del siglo XX, que se reflejó
principalmente en las agrupaciones corales que
representaban diversas regiones hispánicas y se
concentraban en La Habana y Matanzas, provincias
donde surgieron los coros de clave a imitación de
los coros españoles. Como resultado de la
interacción cultural, los coros de rumba, a su vez,
imitaron a los de clave. En este grupo es importante
destacar la presencia de los conjuntos
instrumentales de antecedente canario en la zona
central, donde todavía se conservan vigentes algunos
de ellos.
Los géneros musicales de carácter festivo comprenden:
la canción, representada a través de las serenatas y
las peñas de la Trova, el punto cubano, los
complejos del son y de la rumba, y la música
carvalesca.
El estudio de la canción tradicional cubana se
enfoca desde el ángulo de su uso social en la forma
de serenatas --con las variantes genéricas que se
emplean-- y las peñas de la Trova, como fuentes
donde se crean y conservan las canciones
trovadorescas que surgieron en las postrimerías del
siglo pasado.
Argeliers León para definir los complejos del son y
de la rumba considera la diversidad de formas de
expresión que estos géneros adoptan en diferentes
regiones.
El proceso que lleva a la formación de estos
complejos genéricos puede explicarse a través del
análisis de todos los elementos estructurales que,
descomponiéndose y recomponiéndose en sucesivas
etapas históricas, cooperaron en la gestación de los
formatos estilísticos e instrumentales que
actualmente poseen.
Para su mejor comprensión se han definido y
diferenciado los géneros que los componen y, en
algunos de ellos, los estilos que suelen emplearse
al interpretarlos.
La conga y el punto cubano no se consideran
complejos genéricos, sino géneros independientes con
varios estilos. La primera aparece agregada como un
género más dentro del complejo de la rumba, cuando,
en realidad, es un género musical que posee una
génesis propia. Esta confusión ocurre porque las
comparsas en las provincias de La Habana y Matanzas
fueron organizadas por personas que, a su vez,
participaban en los coros de clave y de rumba, sin
considerar que el género de la conga también se
desarrolló en otras provincias con total
independencia del complejo de la rumba.
El punto cubano o guajiro es clasificado, por
algunos autores, como complejo genérico, aunque
realmente no se halla integrado por varios géneros
(como sucede en el son y la rumba), sino por
diferentes estilos.
Quienes cultivan este género distinguen los
siguientes estilos: libre, fijo, cruzado,
espirituano, parranda y seguidilla. Se contemplan en
los tres primeros estilos las modalidades con o sin
estribillos. En sus orígenes estos estilos se
asociaban con determinadas zonas geográficas.
Actualmente se ha producido una difusión, sobre
todo, del estilo libre sin estribillo empleado en la
controversia. No obstante, puede observarse un
predominio de los estilos espirituano y de parranda
al Norte de la zona central.
Tanto para acompañar este género, así como los que
componen el complejo del son, suele emplearse un
conjunto que presenta gran diversidad en su
composición instrumental, pero que mantiene
distintos planos sonoros. Los instrumentos más
utilizados en estos conjuntos se reflejan en tablas
por familias instrumentales.
En el complejo del son se plasman los géneros del
son montuno, sucu-sucu, changüí y los conjuntos
instrumentales empleados. Estos géneros poseen, a su
vez, variantes estilísticas: por ejemplo, el nengón
dentro del changüí. Por su extensión y su vigencia
en todo el territorio nacional, constituye, sin
dudas, el complejo genérico más representativo de la
música cubana.
El complejo de la rumba abarca la columbia, el
guaguancó y el yambú. El guaguancó se presenta en
varios estilos entre los que se hallan la rumba de
santo y la cruzada con palo. En la columbia se
destacan la jiribilla y la rumba de botella; de
igual forma son muy comunes los conjuntos
instrumentales compuestos por cajones y tumbadoras.
La música carnavalesca comprende las comparsas que
surgen en el siglo XIX y los conjuntos
instrumentales empleados en el siglo XX .
En la formación histórica de las actuales congas y
comparsas cubanas influyeron las comparsas hispanas,
chinas y haitianas, así como los "tangos" africanos,
que poseían diferentes formatos musicales e
instrumentales. Todos ellos experimentaron
variaciones durante el siglo XX hasta llegar a la
conga actual, en cuya composición se conjuga el uso
de instrumentos como el bombo y la trompeta, los que
originalmente se emplearon en conjuntos
instrumentales de tipo militar que acompañaban a
algunas comparsas, y otros instrumentos como las
sartenes o la corneta china de variada procedencia.
Los cambios de este género, en las diversas regiones
del país, han contribuido a la formación de
diferentes estilos, de los cuales pueden delinearse
el camagüeyano, el oriental y el occidental.
Para cerrar el ciclo de vida, se presenta la música
vinculada con la muerte. Se han señalado los grupos,
en los que se realizaron o realizan todavía rituales
o conmemoraciones mortuorias, las que se acompañan
con música. Se trata de ritos vinculados con
creencias religiosas populares de antecedente
africano.
Por último, se analizan las proyecciones artísticas
realizadas a partir del trabajo de revitalización
que se desplegó junto con el proceso de recopilación
de datos para el presente estudio.
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Fiestas Populares Tradicionales. |
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Dra. Virtudes Feliú Herrera
La
fiesta, como parte del folklore social,
constituye una costumbre, una manera de hacer lo
transmitido, mientras que la tradición es la
forma de pensar y sentir lo que se transmite.
Esto, a su vez, está representado por la
práctica de muchos hábitos en cada uno de los
aspectos de una sociedad o grupo social
determinado.
La fiesta contiene en sí las distintas
tradiciones, creencias y ritos religiosos, la
música, las danzas, los juegos o competencias,
las comidas y bebidas relacionadas con ellas, la
ornamentación, expresiones de literatura oral,
vestuario, medios de transporte y otros aspectos
de la cultura espiritual y material del pueblo.
Estas pueden estar vigentes o no y poseer un
contenido religioso o laico. Su realización
puede ocurrir en el medio urbano o rural. Es,
por tanto, una manifestación de la cultura
tradicional que resulta básica para el estudio
integral de un núcleo social, toda vez que
muestra las principales costumbres, hábitos y
comportamientos.
Sobre este tema se han escrito en Cuba varios
trabajos publicados en libros, artículos,
monografías y ponencias, los cuales tratan sobre
algunas actividades festivas, sus orígenes,
motivaciones, así como los elementos que las
integran. Sin embargo, no existía un análisis
pleno del fenómeno que ubicara su importancia y
trascendencia a nivel nacional.
El presente trabajo es el resultado del primer
estudio de esta naturaleza, realizado en el país.
Su ejecución coincidió con un momento histórico
en el que, por cambios en la estructura
económica, política, ideológica y social, se
comenzaron a perder manifestaciones vigentes
hasta ese momento.
La investigación ha permitido obtener una visión
generalizadora del fenómeno festivo nacional,
especialmente, en lo que se refiere a las
fiestas populares tradicionales. El estudio
aporta, por primera vez, datos inéditos acerca
del desenvolvimiento de los festejos, sitúa, en
tiempo y espacio, cada uno de ellos y esclarece
si mantiene su vigencia o no. De igual modo, se
indican aquellas celebraciones que han sido
revitalizadas como resultado de la investigación
practicada y ante el reclamo de la población
local. El número de festejos devueltos a la
práctica social asciende a 370, en ellos se ha
respetado la raíz tradicional de sus elementos
principales, pero sin desconocer usos y
costumbres, gestados en los últimos años.
Esta acción revitalizadora introduce los
resultados más importantes --cuantitativos y
cualitativos-- que se hayan realizado en la
práctica cultural de la población, luego del
Triunfo revolucionario de 1959. Así se responde
a uno de los propósitos de este estudio:
devolver, con un enfoque crítico y creador, las
tradiciones en vías de desaparición de cada
localidad y con ello reafirmar la identidad
cultural cubana.
Otro de los aportes de este trabajo lo
constituye, sin dudas, la clasificación de los
festejos, de acuerdo con su función, orígenes
étnicos, motivaciones, características y
elementos populares tradicionales que los
distinguen; denominaciones, fechas de
celebración, rasgos originales, evolución
histórica y social y estado actual.
Tal clasificación se basó en la definición de
carácter religioso o laico de las distintas
festividades, lo que originó siete subgrupos:
dos religiosos y cinco laicos; los que, a su vez,
se dividieron en varios subgrupos. Toda la
caracterización y tipologización se obtuvo a
través de entrevistas abiertas y aplicación de
cuestionarios en todos los municipios del país.
Estas informaciones se complementaron con el
estudio bibliográfico y documental.
Metodológicamente se aportó un cuestionario que
ha posibilitado una muestra nacional con
indicaciones concretas acerca de su
procesamiento, el cual es susceptible de aplicar
en cualquier país de Latinoamérica, así como una
guía destinada a la revitalización de las
manifestaciones populares tradicionales
estudiadas (fundamentalmente fiestas, música y
danzas), la cual tiene como objetivo preservar
la tradición en vías de extinción, integrando
actividades actuales.
Este estudio ha permitido realizar una
valoración de los festejos en el contexto que
han perdido definitivamente su vínculo con las
masas, así como analizar cuáles responden a las
nuevas realidades del país, a fin de
revitalizarlas o tratar de que no desaparezcan.
En el análisis histórico que se efectuó,
quedaron aclarados los antecedentes e
influencias que originaron los festejos cubanos.
En el aspecto étnico se consideraron las
diferentes áreas de asentamiento de los
inmigrantes, las interinfluencias y sincretismos
que se produjeron y todo lo acaecido durante el
proceso de transculturación que originara al
pueblo cubano.
Se pudo conocer también la función desempeñada
por las fiestas durante las guerras de
liberación y en otras actividades
revolucionarias, así como en los ritos, en los
que se gestaron actos que, en más de una ocasión,
manifestaron el descontento popular.
Se analizó la penetración cultural
norteamericana hasta 1959, la cual se propondría
ahogar la cultura nacional con la imposición de
elementos de su modo de vida, a la vez que se
reprimía toda participación popular. Otro
aspecto destacado es la comercialización
derivada de esos hechos, la que desvirtuaría
consecuentemente los elementos tradicionales de
muchas fiestas. La politiquería, detalle poco
estudiado, y que, sin embargo, contribuiría
también a desvirtuar la raíz de muchos festejos:
en período de elecciones, para la promoción de
candidatos se utilizaban los instrumentos
musicales populares; durante la campaña
publicitaria se inventaban incluso estribillos
con ese fin y las congas salían, expresamente,
para realizar la propaganda.
De acuerdo con la bibliografía consultada hasta
el momento, el estudio realizado es el único que
abarca un país en su totalidad, efectuado,
paralelamente, en todos los territorios y que,
además, analiza en un período de tránsito
social, los pormenores del tema en épocas
pasadas, con un concepto integral que lo ubica
geográficamente e indica su carácter vigente o
no.
Consideramos que entre los valores de un trabajo
científico están sus aportes metodológicos y sus
posibilidades de aplicación práctica. A raíz de
esta investigación se desarrolló un movimiento
investigativo-promocional de las tradiciones
propias de la cultura espiritual del pueblo
cubano, que involucró a técnicos, profesores,
promotores culturales y población en general, y
dejó un saldo favorable en cada comunidad. Son
múltiples las actividades, eventos e
instituciones creadas al calor de este
movimiento que han hecho posible el rescate y la
revitalización de tradiciones perdidas o en vías
de extinción. Así mismo, han permitido un mejor
conocimiento de la Historia a través de las
tradiciones de cada localidad, y han reafirmado
la identidad cultural en los marcos regionales y
nacional.
La clasificación elaborada originó la definición
de varios grupos y subgrupos de fiestas: las de
carácter religioso son de origen católico (patronales
y solemnidades de precepto) y de origen
subsaharano. También están representadas las
manifestaciones religiosas de origen haitiano
(el Bande-Rará y las fiestas a los loás). Entre
las de carácter laico se encuentran las
campesinas con seis subgrupos y las destinadas a
los carnavales, parrandas y charangas, con
cuatro subgrupos. Las fiestas laborales se
agrupan en las de cultivos, así como las de los
diferentes gremios y oficios, con un total de
veintidós subgrupos. Las fiestas de inmigrantes
se corresponden con las étnicas representadas en
Cuba. Este bloque laico termina con las fiestas
de ciudadanos ausentes y las verbenas, como
muestra de actividades organizadas por cabildos
y comités preparatorios.
En el bloque de fiestas religiosas de origen
hispánico, se destaca la presencia nacional de
las patronales --las más numerosas del país--,
en especial, las dedicadas a la Patrona de Cuba,
Nuestra Señora de la Caridad del Cobre; a San
Juan, a Nuestra Señora de la Candelaria y a San
José, entre otras. En las relativas a las
solemnidades de precepto, existen cuarenta y
cinco manifestaciones muy difundidas, entre las
que se destacan: Nochebuena, Navidad, Año Nuevo,
Día de Reyes y también Altares de Cruz y de
Promesas, las festividades de San Juan y las de
inmigrantes canarios y jamaicanos. Hay mayor
concentración de estas fiestas en las provincias
de La Habana, Matanzas, Villa Clara, Sancti
Spiritus y Camagüey.
Las fiestas religiosas, de origen subsaharano,
se concentran en nueve subgrupos, casi todos
vigentes nacionalmente. Las fiestas vinculadas a
las prácticas tradicionales de la santería se
conservan vivas en la mayor parte del país,
excepto en los territorios de Sancti Spiritus y
Camagüey. Le siguen, por su importancia y
difusión las manifestaciones de palo monte,
arará y la santería cruzada con palo monte y la
cruzada con espiritismo. En las fiestas
religiosas de origen haitiano hay señalados dos
subgrupos, los cuales se localizan en Camagüey y
territorios de la antigua provincia de Oriente,
son ellos el Bande-Rará y las fiestas a los
loás.
Las fiestas campesinas de carácter laico,
vigentes o no, abarcan todo el país. En ese
grupo se distingue el guateque, como modalidad
más difundida, especialmente en la parte
oriental (Las Tunas, Granma, Holguín, Santiago
de Cuba y Guantánamo). En occidente, sobre todo,
en las provincias de Pinar del Río y La Habana,
sobresale la fiesta del tambor yuka, cuyas
reminiscencias se observan en Matanzas,
Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spiritus, Ciego
de Avila y Camagüey.
Los carnavales se celebran en todas las
provincias y las parrandas; son propias de Villa
Clara, pero también se desarrollan en Sancti
Spiritus y Ciego de Avila.
Las charangas existen en Bejucal (provincia de
La Habana), en Santiago de las Vegas (Ciudad de
La Habana) y en el Rincón (municipio Boyeros de
Ciudad de La Habana).
El carnaval acuático se practica como resultado
del trabajo de revitalización, en Morón
(provincia de Ciego de Avila) y Caimanera
(provincia de Guantánamo).
Las fiestas laborales tienen varios subgrupos,
que pertenecen a fiestas de cultivos y de
gremios. Ambas modalidades se mantienen en casi
todas las provincias, excepto en Cienfuegos,
Villa Clara, Sancti Spiritus, Ciego de Avila y
Camagüey. En Las Tunas, Granma y Holguín, sólo
figuran como fiestas laborales de cultivos.
Las fiestas de los inmigrantes canarios se
concentran, fundamentalmente, en la región
central, mientras que las de los jamaicanos se
extienden desde Camagüey hasta la zona oriental.
En las festividades de haitianos, su
representación mayor está en Santiago de Cuba y
Guantánamo, aunque hay huellas de su otrora
existencia en Ciudad de La Habana, La Habana,
Matanzas, Cienfuegos, Villa Clara, Sancti
Spiritus y Granma.
Históricamente, las verbenas han sido
manifestaciones características de todo el país.
Muchas dejaron de celebrarse en las últimas
décadas, aunque un grupo considerable de ellas
ha sido reanimado al calor del proceso de
revitalización.
Las fiestas de los ciudadanos ausentes se
concentran, sobre todo, en las provincias
centrales del país (Cienfuegos, Villa Clara y
Sancti Spiritus), pero también se celebran en
Matanzas, La Habana, Granma, Santiago de Cuba,
Holguín y Las Tunas.
La representación cartográfíca de los festejos
populares tradicionales cubanos constituye una
fuente de información para estudiosos,
investigadores, educadores, especialistas,
promotores culturales, estudiantes y todo aquel
que necesite datos acerca de la incidencia
étnica, social e histórica de las fiestas. La
información puede ser factible para elaborar
nuevos libros de textos, programas docentes,
montajes de exposiciones, así como es
susceptible de ser utilizada para la realización
de regionalizaciones culturales.
Aspiramos a que esta publicación contribuya a un
mayor conocimiento de esta actividad popular
tradicional, tan querida por nuestra población,
y a perfeccionar los trabajos que se realicen en
este campo.
(La Jiriblla) 02-12-2006
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