|
Excmo. Sr. Mahmoud Ahmadinejad, Presidente de la
República Islámica de Irán.
Ministros y Jefes de Delegaciones de los países
Miembros y Observadores del Movimiento de Países No
Alineados,
Distinguidos delegados e invitados:
A nombre de la Presidencia del Movimiento de Países
No Alineados, agradezco la iniciativa de la
República Islámica de Irán de organizar esta Reunión
Ministerial, cuya celebración fue aprobada por la
Décimo Cuarta Cumbre en La Habana, hace ya casi un
año.
Examinaremos temas de extraordinaria trascendencia,
precisamente ahora, cuando se hace más necesario que
nunca trabajar con tesón para preservar la cultura e
identidad de nuestros pueblos, y aunar voluntades en
la defensa de la diversidad cultural y de nuestros
derechos culturales.
Tendremos una oportunidad única para el intercambio
de experiencias, ideas y proyectos, y para evaluar
la acción del Movimiento de Países No Alineados ante
los actuales desafíos en la esfera de los derechos
humanos y la diversidad cultural.
La cultura es un componente esencial de la
soberanía. Así lo dijo el Presidente Fidel Castro
hace unos años: “¿Qué es Patria, sino una cultura
propia?”.
Hoy, el patrimonio cultural de nuestras naciones
está en peligro y es nuestro deber luchar,
inteligente y tenazmente, en defensa del derecho de
nuestros pueblos a preservar para las generaciones
futuras el legado de nuestra historia y de nuestra
cultura.
La aplicación del precepto de que la mejor forma de
dominar a un pueblo es destruyendo su memoria
histórica y cultural y sus símbolos patrimoniales,
forma parte de la estrategia de dominación y
hegemonía que imponen los poderosos a nivel
internacional. Promover el respeto a la cultura, a
la historia, a las diversas religiones y a la
idiosincrasia de cada nación es un derecho humano
fundamental. Fomentar el respeto a la diversidad
cultural es nuestro deber y nuestro derecho.
El neoliberalismo, en un mundo globalizado, ha
impuesto la mercantilización y la privatización de
la mayor parte de la producción cultural. El arte
auténtico pugna por abrirse camino ante la irrupción
avasalladora de las transnacionales y el mercado.
La cultura convertida en mercancía, el avance de la
banalidad adormecedora frente al arte que hace
pensar, de la mediocridad homogeneizante frente a la
diversidad cultural, es el resultado de la actuación
depredadora del “poderoso caballero Don Dinero”.
No es fruto de la casualidad; es un plan. Se
pretende presentar al consumismo privilegiado y
parásito de una élite como sinónimo de desarrollo.
Quieren convencernos de que es nuestra la culpa de
la pobreza y el subdesarrollo que atenazan a
nuestros países.
Buscan quebrar nuestra resistencia a un modelo de
consumo que hace imposible la supervivencia de
nuestra especie, que contamina, degrada, agota los
recursos naturales para que una minoría derroche a
costa del sufrimiento de cuatro quintas partes de la
población del planeta.
La hegemonía unipolar que ejerce la potencia más
poderosa y rica de la historia en las relaciones
económicas, políticas y militares a nivel
internacional intenta imponer una cultura única a
nivel mundial. Se nos pretende convencer de un
espejismo, un modelo colonizador, intencionadamente
deslumbrante y enajenador, disfrazado de cultura
global.
Ante esta preocupante realidad, constituye un
imperativo la defensa de valores éticos y estéticos
en oposición a la mediocridad del mercado, y la
vinculación de la cultura con la salvaguarda de la
identidad de cada pueblo y la preservación de la
especie humana.
Resulta indispensable el papel de las Naciones
Unidas en la protección y promoción de las diversas
culturas y de la cooperación internacional en esta
materia. Resulta decisivo el pleno respeto de la
diversidad política, económica, cultural, social y
religiosa, en estricta conformidad con los
propósitos y principios de la Carta de las Naciones
Unidas.
¡Podemos y debemos luchar!. Esta no es una batalla
perdida. Si queremos una prueba reciente, ahí está
la entrada en vigor de la Convención de la UNESCO
sobre la protección y promoción de la diversidad de
las expresiones culturales, aprobada por 148 países
con la sola oposición de Estados Unidos e Israel,
que constituye un hito en nuestra lucha común por
preservar el importante derecho humano a la
diversidad.
Pero es sólo el comienzo. La Convención identificó
los objetivos. Ahora debemos trabajar para
convertirla en resultados concretos, para impedir
que se torne en letra muerta. Debemos aumentar
nuestro activismo en la UNESCO, donde en marzo
pasado reorganizamos el trabajo del Movimiento de
Países No Alineados.
Recordemos que ya en el 2005, como resultado de
nuestras luchas, la Comisión de Derechos Humanos,
aun en medio del descrédito y la politización, se
vio obligada a proclamar que “los derechos
culturales son parte integrante de los derechos
humanos, que son universales, indivisibles e
interdependientes”.
Actualmente enfrentamos la fase final de la
construcción institucional del nuevo Consejo de
Derechos Humanos. Hemos impedido hasta ahora que los
poderosos de siempre se salgan con la suya. No han
podido evitar que avancemos en la construcción de un
Consejo donde no se repitan las corruptas y gastadas
prácticas de la vieja Comisión. Pero está claro que
ya preparan su revancha, que intentarán una nueva
arremetida en la Asamblea General. Debemos estar
alertas.
Debemos trabajar desde ahora para que el Consejo de
Derechos Humanos proclame el reconocimiento
internacional del derecho humano a la diversidad
cultural. Tenemos a nuestro favor, además, la
resolución sobre ese tema aprobada en diciembre del
2005 por la Asamblea General de Naciones Unidas, que
afirmó “la importancia para todos los pueblos y
naciones de mantener, desarrollar y preservar su
patrimonio cultural y sus tradiciones”.
Excelencias:
De Cuba, mi Patria bloqueada y agredida durante
medio siglo, sólo diré que ha resistido, resiste y
vencerá, porque proclamó en la voz de Fidel que “sin
cultura no hay libertad posible”, porque la
Revolución le dijo al pueblo “no te decimos cree, te
decimos lee”. Porque comprendimos siempre que
nuestra Patria es la Humanidad y hemos defendido lo
nacional en estrecha e imprescindible relación con
lo universal.
Unamos nuestros esfuerzos para salvar la cultura
universal sustentada en la autenticidad y diversidad
de lo más elevado de la creación espiritual y
artística de nuestros pueblos.
Defendamos la globalización de la diversidad.
Reclamemos el respeto a los derechos de las
minorías, de los excluidos, de los marginados.
Condenemos de manera inequívoca el irrespeto de la
diversidad cultural y las concepciones racistas,
discriminatorias y xenófobas acerca de la
superioridad de razas, culturas y naciones, que han
estado entre las causas esenciales de dolorosos
conflictos a lo largo de la historia, cuya
repetición es nuestro deber evitar.
Promovamos el diálogo entre culturas y
civilizaciones, y opongámonos enérgicamente al
pretexto del llamado “choque de civilizaciones”,
utilizado por los que amenazan la paz y la seguridad
de nuestros pueblos.
Trabajemos por establecer políticas culturales que
defiendan nuestras identidades nacionales y protejan
nuestro patrimonio.
Cuba reconoce que el reto que tenemos ante nosotros
es grande y que se requerirá esfuerzo y, sobre todo,
compromiso político para materializar acciones
concretas que den contenido a los pronunciamientos
que adoptemos en esta Reunión Ministerial. Pero
somos optimistas y confiamos en la fuerza de nuestra
unidad, en la riqueza de nuestra diversidad y en la
voluntad compartida de luchar por nuestro derecho a
un mundo con paz y justicia para todos.
Defender hoy la diversidad cultural, equivale a
defender nuestro derecho a preservar el futuro de la
humanidad. En esta, como en otras batallas por
reivindicar las aspiraciones de los pueblos del Sur,
el Movimiento de Países No Alineados podrá contar
con Cuba.
Muchas gracias
|