|
Intervención de
Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones
Exteriores de la República de Cuba, bajo el tema 18
de la agenda de la Asamblea General titulado
"Necesidad de poner fin al bloqueo económico,
comercial y financiero impuesto por los Estados
Unidos de América contra Cuba".
8 de noviembre de 2006, Nueva York
Señora Presidenta:
Señores Delegados:
Por
decimoquinta ocasión consecutiva, Cuba presenta ante
la Asamblea General el proyecto de resolución
titulado "Necesidad de poner fin al bloqueo
económico, comercial y financiero impuesto por los
Estados Unidos de América contra Cuba".
Lo hacemos en defensa
de los derechos del pueblo cubano, pero también en
defensa de los derechos del pueblo norteamericano y
de los derechos de los pueblos que ustedes
representan en esta Asamblea.
La guerra económica
desatada por Estados Unidos contra Cuba, la más
prolongada y cruel que se haya conocido, califica
como un acto de genocidio y constituye una violación
flagrante del Derecho Internacional y de la Carta de
Naciones Unidas. En estos 48 años, el bloqueo
norteamericano ha provocado a Cuba daños económicos
superiores a los 86 000 millones de dólares. Siete
de cada diez cubanos han vivido desde su nacimiento
sufriendo y resistiendo los efectos del bloqueo, que
trata de rendirnos por hambre y enfermedades.
El bloqueo impide a
Cuba comerciar con Estados Unidos y recibir turismo
desde este país. Prohíbe a Cuba utilizar el dólar en
sus transacciones externas y recibir créditos o
realizar operaciones con bancos norteamericanos o
sus filiales en otros países.
El bloqueo no permite
al Banco Mundial o al Banco Interamericano de
Desarrollo otorgarle siquiera un modesto crédito a
Cuba.
Pero más grave que
todo eso es que el bloqueo de Estados Unidos impone
sus criminales disposiciones a las relaciones de
Cuba con los demás países que integran esta Asamblea
General.
Hemos visto, señores
delegados, cómo el representante del Gobierno de
Estados Unidos ha vuelto a repetir aquí los mismos
argumentos falaces y las mismas mentiras que en años
anteriores han dicho a esta Asamblea.
Miente cuando dice que
el embargo es un tema bilateral.
Miente cuando dice que
Cuba puede comerciar y comprar en otros países lo
que le está negado comprar en Estados Unidos.
Miente cuando dice que
Estados Unidos no persigue a los barcos de otros
países que intentan llegar a Cuba.
Dice, además, a esta
Asamblea que Cuba utiliza el bloqueo como un
pretexto.
Repito al distinguido
delegado lo que ya dije el pasado año: Si el
Gobierno de Estados Unidos considera que Cuba usa el
tema como un pretexto, ¿por qué no nos quita el
pretexto levantando el bloqueo? ¿Por qué no elimina
el bloqueo contra Cuba, si, según su opinión, Cuba
lo usa como un pretexto para justificar su supuesto
fracaso?
El bloqueo prohíbe el
comercio con Cuba a empresas situadas en sus países,
señores delegados, no solo a empresas
norteamericanas sino a empresas de los países que
ustedes representan en esta Asamblea y que son
subsidiarias de compañías norteamericanas. Tampoco
pueden entrar a puertos norteamericanos los barcos
con bandera de sus países, señores delegados, si
antes transportaron mercancías desde o hacia Cuba.
Es la Ley Torricelli, firmada por el presidente Bush
padre en 1992.
El bloqueo
norteamericano prohíbe también a las empresas del
resto del mundo, las de sus países, señores
delegados, exportar a Estados Unidos productos que
contengan materias primas cubanas e impide a esas
empresas exportar a Cuba productos o equipos que
contengan más de 10% de componentes norteamericanos.
Esa es la verdad.
El bloqueo, señores
delegados, persigue a los empresarios de otros
países, no solo a los norteamericanos, sino a los de
otros países, compatriotas de ustedes, que intenten
realizar inversiones en Cuba. Se les amenaza con
prohibirles la entrada a Estados Unidos a ellos y a
sus familias e, incluso, con llevarlos a juicio en
cortes norteamericanas. Es la Ley Helms-Burton, de
1996.
No voy a insistir en
ejemplos que prueban cuanto he dicho. El Señor
Secretario General ha difundido un amplio informe,
con las contribuciones de 96 países y 20 organismos
y organizaciones internacionales, en el que se
demuestran inequívocamente los sufrimientos y
carencias que el bloqueo impone a la vida y el
desarrollo del pueblo cubano.
Sí nos parece, señores
delegados, importante informar a la Asamblea General
sobre el plan para la reconquista de Cuba aprobado
por el presidente Bush en mayo del 2004 y
actualizado en julio del 2006. En él se reconoce
claramente lo que el gobierno norteamericano haría
en nuestro país, si logra en algún momento ponerlo
bajo su control.
Según el Presidente de
Estados Unidos, lo más importante sería devolver
todas sus propiedades en Cuba a los antiguos dueños.
Ello incluiría, por ejemplo, arrebatar las tierras a
los cientos de miles de campesinos que hoy son en
Cuba dueños de sus tierras individualmente o
mediante cooperativas, para restablecer en ellas el
latifundio. Implicaría también expulsar de sus
viviendas a millones de propietarios cubanos, para
devolver los inmuebles o los terrenos a sus antiguos
reclamantes.
El presidente Bush lo
describió como un proceso acelerado y bajo el
control total del gobierno de Estados Unidos, que
para eso crearía una llamada Comisión para la
Restitución de los Derechos de Propiedad.
También se crearía
otra estructura, el Comité Permanente del Gobierno
de Estados Unidos para la Reconstrucción Económica
de Cuba, que dirigiría el proceso de imponer en Cuba
un durísimo programa de ajuste neoliberal, que
incluiría la privatización salvaje de los servicios
de educación y salud, y la eliminación de la
seguridad y la asistencia social. Se suprimirían
retiros y pensiones y se les ofrecería a los
jubilados trabajar en labores de construcción, en un
denominado Cuerpo de Jubilados Cubanos.
El presidente Bush
reconoce que "no será fácil" aplicar en Cuba este
plan. Por eso, encarga al Departamento de Estado
crear "como prioridad inmediata" un aparato
represivo, que imaginamos será entrenado en las
brutales técnicas de asfixia que el Vicepresidente
Cheney no considera torturas, para sofocar la
interminable resistencia del pueblo cubano. Se
reconoce, incluso, que "será larga" la lista de
cubanos que serían perseguidos, torturados y
masacrados.
Se piensa, incluso, en
un Servicio Central de Adopción de Niños, para
entregar a familias en Estados Unidos y en otros
países a los niños cuyos padres caerán combatiendo o
víctimas de la represión.
Todo este cínico y
brutal programa de recolonización de un país,
después de destruirlo e invadirlo, sería dirigido
por un personaje que ya está nombrado y cuyo
ridículo cargo, que recuerda a Paul Bremer, es el de
"Coordinador para la Transición en Cuba". Un tal
Caleb McCarry es el señor, cuyo único antecedente
notable es su estrecha amistad con los grupos
terroristas de origen cubano que todavía hoy planean
y ejecutan desde Miami, con total impunidad, nuevos
planes de asesinato y sabotaje contra Cuba. Son los
mismos grupos que piden al Presidente Bush que ponga
en libertad al terrorista Luis Posada Carriles,
autor de la explosión de un avión civil cubano,
mientras se somete a cruel y prolongado
encarcelamiento en Estados Unidos, desde 1998, a
Cinco valerosos luchadores antiterroristas cubanos.
Dos años después de su
proclamación, señores delegados, gran parte del plan
fue ya ejecutado.
Así, se impusieron
nuevas y mayores restricciones a las visitas
familiares a Cuba de los cubanos residentes en
Estados Unidos.
Se persiguió con saña
a los norteamericanos que viajaron a Cuba. En los
últimos dos años han sido multadas más de 800
personas acusadas de viajar a nuestro país.
Se impusieron
restricciones adicionales al envío de remesas a
Cuba.
Prácticamente se
eliminaron los intercambios académicos, culturales,
científicos y deportivos.
Desde el 2004, han
sido sancionadas 85 compañías por supuestas
violaciones del bloqueo contra Cuba.
Se ha intensificado la
feroz persecución contra las transacciones
financieras y el comercio de nuestro país. Son
visibles los resultados del demencial rastreo a
escala global que el llamado Grupo de Identificación
de Activos Cubanos realiza de todo lo que parezca
ser un pago desde y hacia Cuba.
Junto al reforzamiento
del bloqueo, el Presidente Bush aprobó en mayo del
2004 otros 59 millones de dólares para pagar a sus
escasos y alicaídos mercenarios en Cuba con el fin
de fabricar una inexistente oposición interna, y
para pagar campañas de propaganda y transmisiones
ilegales de radio y televisión contra Cuba.
Pero todo fue en vano.
El Presidente Bush vio como se le acababa el tiempo
y no podía cumplir su promesa a los grupos
extremistas cubanos de Florida. Sus problemas
domésticos y en el exterior crecían y crecen y Cuba
socialista seguía y sigue ahí, enhiesta e
inclaudicable.
Entonces, el 10 de
julio de 2006, el Presidente Bush agregó nuevas
medidas a su plan.
Una significativa
particularidad de este nuevo engendro de 93 páginas
es que contiene un anexo secreto, con acciones
contra Cuba que no se hacen públicas y explican que
es "para lograr su efectiva realización" y "por
razones de Seguridad Nacional". ¿Serán nuevos planes
de asesinato contra dirigentes cubanos, más actos
terroristas, una agresión militar? Desde esta
tribuna emplazamos hoy, ante la Asamblea General de
las Naciones Unidas, al presidente George W. Bush a
dar a conocer públicamente el contenido de ese
documento, que no ha tenido hasta hoy el valor de
revelar.
En el plan se incluye
la asignación de, por supuesto, más dinero. Esta vez
son 80 millones de dólares en dos años y no menos de
20 millones por año hasta la derrota de la
Revolución cubana. Es decir, para siempre.
También se incrementan
las transmisiones de radio y televisión contra Cuba,
en abierta violación de las normas de la Unión
Internacional de Telecomunicaciones.
Por otro lado, se
realizan renovados esfuerzos para crear una llamada
"coalición" de países para apoyar el denominado
"cambio de régimen" en Cuba.
En el plan de Bush
destaca particularmente la aplicación
extraterritorial de la guerra económica contra Cuba.
Así, se establecen
nuevos mecanismos para perfeccionar la maquinaria
que aplica las regulaciones del bloqueo y se adoptan
nuevas sanciones. Se destaca entre ellas, por su
novedad, el enjuiciamiento penal contra los
violadores.
Se anuncia, en virtud
del Título III de la Ley Helms-Burton, la
autorización para entablar demandas en tribunales
norteamericanos contra los inversionistas
extranjeros en Cuba, en particular los provenientes
de aquellos países que apoyen la continuidad de la
Revolución cubana.
Se establece también
una aplicación más rigurosa del Título IV, que niega
la entrada a Estados Unidos de los inversionistas en
Cuba y sus familiares, pero dirigiendo ahora la
persecución especialmente contra los que inviertan
en la exploración y extracción de petróleo, el
turismo, el níquel, el ron y el tabaco.
Como herramienta para
la persecución de las ventas de níquel cubano a
otros mercados —no ya al mercado norteamericano,
sino para perseguir las ventas cubanas a empresas
situadas en los países que ustedes representan aquí
en esta Asamblea—, se crea la llamada "Fuerza de
Tarea Interagencia del Níquel Cubano".
Se perfecciona también
el asedio contra el intercambio entre iglesias
norteamericanas y cubanas y se prohíbe el envío de
donativos humanitarios a organizaciones religiosas
cubanas.
Pero hay una nueva
medida de bloqueo aprobada por el presidente Bush
que merece un comentario aparte. En el documento se
establece que Estados Unidos negará toda exportación
relacionada con equipos médicos que puedan ser
usados en programas de atención a pacientes
extranjeros.
Es decir, el gobierno
de Estados Unidos, que ha hecho siempre lo indecible
para hacer fracasar los programas de cooperación
médica internacional que Cuba lleva adelante,
reconoce ahora que su persecución puede llegar a
intentar bloquearle a Cuba la adquisición en el
mundo del equipamiento necesario.
Insisto en que he
dicho que el bloqueo ha llegado ahora al punto de
prohibir el intercambio entre las iglesias de
Estados Unidos y las iglesias cubanas; el de
prohibirle a las iglesias en Estados Unidos enviar a
las iglesias amigas en Cuba donativos humanitarios,
sillones de ruedas, medicamentos o productos para
uso humanitario. El bloqueo del presidente Bush
contra Cuba lleva a declararle, incluso, la guerra a
las iglesias norteamericanas y cubanas; intenta
bloquear, incluso, el mandato de Dios. Y, en segundo
lugar, intenta que Cuba no pueda comprar equipos
médicos para programas de cooperación médica
internacional.
Son imprescindibles
algunos antecedentes sobre este tema:
-Desde 1962, año en
que los médicos cubanos prestaron por primera vez
ayuda en el exterior, en Argelia, casi 132 000
médicos, enfermeras y técnicos de la salud cubanos
han prestado servicios en 102 países.
-Actualmente, 31 000
colaboradores de la salud cubanos prestan servicios
en 69 países. De ellos, 20 000 son médicos. En 69
países, repito, trabajan hoy 31 000 colaboradores de
la salud cubanos, en muchos de los países que
algunos de ustedes representan aquí.
-Señores delegados: Un
contingente médico especializado en catástrofes y
situaciones de emergencia fue fundado el 19 de
septiembre de 2005, precisamente en medio del azote
sobre 2 millones de pobres y negros del Sur de
Estados Unidos del efecto combinado del huracán
Katrina y la irresponsabilidad e insensibilidad de
su gobierno. Tiene 10 000 integrantes debidamente
entrenados y equipados y lleva el nombre de un joven
norteamericano, Henry Reeve, caído gloriosamente en
1873 en los campos de Cuba, con el grado de General
de nuestro Ejército Libertador. En aquel momento,
más de 1 500 médicos cubanos estuvieron listos para
partir a las zonas más afectadas y salvar quién sabe
cuántas vidas, que se perdieron ante la negativa del
presidente Bush a recibirlos.
-Un total de 2 564
integrantes de este contingente trabajó durante 8
meses en Paquistán, tras el terremoto. Montaron 32
hospitales que después fueron donados a ese pueblo
hermano. Atendieron 1 millón 800 000 pacientes y
salvaron 2 086 vidas. Después, otros 135 galenos
cubanos prestaron asistencia en Indonesia y montaron
dos hospitales, también donados; atendieron 91 000
pacientes y realizaron 1 900 intervenciones
quirúrgicas.
-Médicos cubanos
habían trabajado antes durante catástrofes naturales
ocurridas en Perú en 1970, en Venezuela en 1999, en
Sri Lanka e Indonesia en el 2004 y en Guatemala en
el 2005, por solo citar algunos ejemplos.
Si el Presidente Bush
tuviera éxito en su cínico plan, Cuba estaría
impedida de brindar a otros pueblos, a los que
muchos de ustedes representan aquí, señores
delegados, su modesto y generoso esfuerzo en un
campo en el que nadie niega nuestro desarrollo y
experiencia.
-Desde el año 2004,
Cuba ha desarrollado la Operación Milagro, en virtud
de la cual han sido operados gratuitamente y han
recuperado la visión casi 400 000 pacientes de 28
países, sin incluir unos 100 000 cubanos.
Aunque nuestro país
solo no podría sufragar todos los gastos
pertinentes, hoy los médicos, los técnicos, la
tecnología y los equipos cubanos han creado
capacidades para operar a un millón de
latinoamericanos y caribeños por año.
Si la ofensiva
norteamericana lograra paralizar este esfuerzo, un
número equivalente de personas víctimas de más de 20
enfermedades oftalmológicas perderían la vista. El
gobierno de los Estados Unidos lo sabe, mas no por
ello renuncia a su macabro plan de asfixiar a Cuba.
Esto para hablar solo de los que son atendidos de la
vista y no de los cientos de millones de personas
que se benefician con los programas integrales de
salud de los médicos internacionalistas cubanos.
Cuba no solo presta
servicios médicos; está formando actualmente más de
46 000 jóvenes estudiantes de medicina de 82
naciones del Tercer Mundo en Cuba o en sus propios
países.
Señora Presidenta
Señores delegados:
Pero Cuba no se
rendirá, ni desmayará en impulsar estos planes
humanistas, símbolos de que un mundo de paz,
justicia y cooperación es posible. El compromiso de
Cuba con los derechos de cada desposeído del planeta
es más fuerte que el odio de los verdugos.
Señores delegados:
Millones de cubanos
están ahora pendientes de la decisión que tomarán
ustedes. Les pedimos apoyar hoy el respeto al
derecho de Cuba, que es también el respeto a los
derechos de los pueblos que ustedes representan. Les
pedimos votar a favor del proyecto de resolución
"Necesidad de poner fin al bloqueo económico,
comercial y financiero impuesto por los Estados
Unidos de América contra Cuba".
Lo hacemos con la
frente en alto, optimistas y seguros, con la
esperanza de repetir los versos del poeta de nuestra
generación, porque en Cuba, señores delegados,
Nadie se va a
morir, la vida toda es nuestro talismán, es nuestro
manto. Nadie se va a morir, menos ahora que el canto
de la Patria es nuestro canto.
Y si nos imponen la
guerra, no alcanzarán los soldados de Estados Unidos
para cubrir las bajas que sufrirían frente a un país
que ha resistido y se ha preparado para su defensa
durante más de 45 años.
Señores delegados:
Hasta aquí, el
discurso que traía preparado para presentar nuestro
proyecto de resolución. Sin embargo, un hecho
inédito en esta Asamblea me obliga a decir unas
palabras adicionales. Por primera vez desde que en
1992 la Asamblea comenzó a considerar el tema del
bloqueo contra Cuba, el Gobierno de Estados Unidos
tratará de sabotear, a través de una enmienda, esta
votación.
Tras varias semanas
ejerciendo brutales presiones, Estados Unidos
constató que no podía revertir el abrumador apoyo
que este proyecto de resolución concita. Entonces,
trató de que un gran número de delegaciones se
abstuvieran y fracasó. Después, amenazó y chantajeó
para que se retiraran y fracasó nuevamente.
Y, finalmente, decidió
boicotear esta votación, distraer la atención del
tema principal, que es su bloqueo contra Cuba,
violación flagrante del Derecho Internacional, y
decretó que la delegación de Australia presentara el
proyecto de enmienda elaborado en Washington.
Aquí tengo, señores
delegados, los talking points distribuidos
por Estados Unidos desde el lunes 6, pidiendo apoyo
para una enmienda que Australia no hizo suya hasta
ayer martes 7 en la tarde. Es curioso que la
delegación de Estados Unidos, en este papel pedía
apoyo para una enmienda que todavía Australia no
había decidido siquiera presentar. Estados Unidos
trató de que algún país de la Unión Europea la
presentara y no lo logró; buscó apoyo en otros
países y tampoco pudo. Finalmente, una llamada de
muy alto nivel desde Washington al Ministro de
Relaciones Exteriores australiano decidió que
Australia se prestara como testaferro de la enmienda
de Estados Unidos.
¿Es realmente, señores
delegados, esta enmienda expresión de una
preocupación genuina de Australia? No. Es solo
prueba de su abyecta sumisión al Gobierno de Estados
Unidos.
Pero, además,
Australia no tiene autoridad moral para intentar
referirse a la situación de los derechos humanos en
Cuba.
El Gobierno de
Australia es cómplice del imperialismo
norteamericano. Es una especie de "imperialismo de
bolsillo", siempre listo en el Pacífico a seguir a
sus mentores de Washington. Así, no solo colaboró y
envió tropas junto al ejército norteamericano a la
guerra de Viet nam, en la que 4 millones de
vietnamitas perdieron sus vidas, sino que participó
con entusiasmo con más de 2 000 soldados en la
invasión de Iraq, una guerra preventiva
absolutamente ilegal. Todavía hoy 1 300 soldados
australianos permanecen allí pese a que solo el 22%
de la población de Australia apoya esta aventura.
El gobierno
australiano, que somete a la población aborigen del
país a un verdadero régimen de apartheid, no tiene
moral para criticar a Cuba. El gobierno australiano,
que apoya el centro de torturas que Estados Unidos
mantiene en Guantánamo, y que apoyó los juicios
sumarios ante cortes militares a los presos vejados
y torturados allí, incluidos presos australianos, no
tiene moral para criticar a Cuba.
Estados Unidos aún
menos. Todos vimos las imágenes espantosas de la
prisión de Abu Ghraib, las imágenes espantosas de
Guantánamo. Sabemos que organizaron y mantienen
cárceles clandestinas y vuelos secretos en los que
trasladaron a prisioneros drogados y maniatados.
Vimos las imágenes de horror del huracán Katrina,
cuando se condenó a morir a seres humanos por ser
negros y ser pobres. Después de todo lo que ya
sabemos, esta Asamblea no puede ser engañada ni
manipulada.
Por tanto, a nombre de
Cuba, les pedimos, señores delegados, votar primero
a favor de la Moción de No Acción que presentaremos
para enfrentar la enmienda propuesta por Australia
y, después, votar a favor del proyecto de resolución
L.10 presentado por Cuba.
El delegado de Estados
Unidos ha invocado en esta Asamblea el nombre
sagrado de José Martí, Apóstol de la Independencia
de Cuba, en su intervención; mancha el nombre
glorioso para los cubanos, el hombre que dijo que la
guerra que organizaba en Cuba por la independencia
era para impedir a tiempo que se extendieran con una
fuerza más los Estados Unidos de América sobre las
Antillas. Ofende a nuestra delegación que se invoque
el nombre de José Martí para justificar el bloqueo.
Pero recuerdo a la
Asamblea, y a la delegación norteamericana en
particular, que también José Martí dijo que
"trincheras de ideas valen más que trincheras de
piedras", y son las trincheras de ideas las que
hacen invencible al pueblo noble, generoso y heroico
que aquí represento.
Muchas gracias
(Aplausos)
(Granma) 09-11-2006 |