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Intervención de Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba en la Mesa Redonda de la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de la ONU celebrada del 14 al 16 de septiembre de 2005.

 

Señor Presidente:

Permítame ante todo explicarle a usted y a los distinguidos participantes que esta intervención debía haberla realizado el Excmo. Sr. Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba. Sin embargo, el visado del Jefe de la Delegación Cubana para viajar a Nueva York, que el gobierno de los Estados Unidos ya le había negado para participar en la Conferencia de Unión Interparlamentaria que tuvo lugar hace pocos días, en esta ocasión le fue demorado, por lo que no pudo participar ni en la sesión inaugural de esta mañana, ni intervenir en esta Mesa Redonda.

Desearía referirme a cinco elementos que, a juicio de Cuba, tipifican el proceso de negociaciones que se realizó para llegar al proyecto de documento final de esta Reunión y al documento mismo.

Primero: El método empleado para las negociaciones sienta un precedente muy negativo para los trabajos de esta organización. Se caracterizó por su falta de transparencia, por la manipulación de las propuestas y los resultados, por el secretismo, por el chantaje y por la creación de pequeños grupos negociadores que dejaron al margen a más de 150 países que conforman la mayoría de las Naciones Unidas. Asimismo, se dejó deliberadamente al margen de la negociación a delegaciones que mantuvieron un elevado nivel de actividad durante todo el proceso, con lo que se impidió que el documento que fuera aprobado reflejara, en su integralidad, los criterios necesariamente diversos de todas las delegaciones que integran esta organización.

Segundo: Esta reunión de alto nivel se ha apartado totalmente de los objetivos para lo que fuera convocada. Las resoluciones que le dieron origen dejaban claro que en ella debía examinarse, cinco años después, el cumplimiento de las metas acordadas en la Cumbre del Milenio y, muy particularmente, las metas de desarrollo.

Sin embargo, hemos visto como los temas que figuran en el documento final se apartan totalmente de tal objetivo. No existe un mínimo de compromiso para adoptar acciones prácticas que permitan cumplir las muy modestas metas del Milenio, especialmente en cuanto al financiamiento. Incluso, se ha distorsionado el tema relativo a la “condonación de la deuda externa”, pues se presenta como si los montos condonados fueran recursos nuevos aportados por la vía de la Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD) cuando, en realidad, son deudas que nunca podrían ser pagadas.

El documento no contiene ni una palabra sobre el desarme nuclear ni sobre el desarme general y completo, que constituye una aspiración de larga data de esta organización, ni sobre las armas de exterminio en masa.

Estados Unidos se negó, incluso, a que siquiera se reiteraran los compromisos asumidos en las grandes conferencias de las Naciones Unidas que se han celebrado en este lustro, a pesar de la insistencia de la mayoría de las delegaciones, y sólo muy al final del proceso negociador aceptó que se incluyese una tibia mención a las metas del Milenio.

Tercero: Se ha retrocedido en el lenguaje acordado en eventos anteriores, hasta el punto de que no se hace mención siquiera de las medidas coercitivas unilaterales, cuyo rechazo forma parte de los documentos finales acordados por todas y cada una de ellas. Se utiliza un lenguaje diluido e impreciso.

Tampoco se crean mecanismos para controlar los compromisos financieros de los países donantes. Mientras, el mundo gasta un millón de millones de dólares en armamentos, más de la mitad por parte de el país anfitrión de esta conferencia, y se gasta otro millón de millones en publicidad. Por tanto, la cuestión no radica en que no haya recursos; sí los hay, pero lo que falta es voluntad política.

Cuarto: Nada se hace para denunciar lo que es una irrebatible realidad: el Sur financia al Norte. El Primer Ministro Patterson de Jamaica se refirió muy claramente a este aspecto en la mañana de hoy cuando recordó que en los últimos cinco años los 150 países subdesarrollados han realizado transferencias netas a los 40 países industrializados por 1,174 millones de millones de dólares, unos 230 mil millones de dólares por año, que le permiten a estos últimos seguir sus patrones de derroche, armamentismo y contaminación del planeta.

Quinto: Ahora, habrá que darle seguimiento a un grupo de temas de importancia, que ni las discusiones ni los acuerdos de esta reunión han llevado al límite.

Uno de ellos es la ampliación, la reforma y la democratización del Consejo de Seguridad; será imprescindible buscar medios de reinsertar al desarme, incluido el desarme nuclear, en las prioridades de esta organización; y habrá que definir qué será el Consejo de Derechos Humanos. Se pretende reducir su membresía, que sus miembros sean elegidos por las dos terceras partes de los integrantes de las Naciones Unidas, que para integrar dicho órgano un país tenga que cumplir requisitos ilegales como la certificación de que “tiene buen comportamiento en materia de derechos humanos” sin que se sepa quién ni cómo será calificado. Pero, con todo ello, no se abordan los verdaderos problemas que ha arrastrado al descrédito a la actual Comisión de Derechos Humanos, que no son más que la doble moral, la politización, la selectividad y la discriminación.

Habrá que alcanzar una verdadera definición del terrorismo, que reconozca la existencia del terrorismo de Estado y que diferencia con claridad al terrorismo de la legítima lucha de liberación de los pueblos contra la agresión o la ocupación extranjera.

Será necesario, además, aclarar conceptos tales como la llamada “responsabilidad de proteger” yla “seguridad humana”, que son vagos y peligrosos y podrían invocarse un día para justificar agresiones contra los países del Sur.

Estos son, Sr. Presidente, las opiniones que queríamos dejar sentadas en esta Mesa Redonda.

Muchas gracias.

(Minrex)

 
 

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