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Señor Presidente:
Permítame ante todo
explicarle a usted y a los distinguidos participantes
que esta intervención debía haberla realizado el Excmo.
Sr. Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la
Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de
Cuba. Sin embargo, el visado del Jefe de la Delegación
Cubana para viajar a Nueva York, que el gobierno de los
Estados Unidos ya le había negado para participar en la
Conferencia de Unión Interparlamentaria que tuvo lugar
hace pocos días, en esta ocasión le fue demorado, por
lo que no pudo participar ni en la sesión inaugural de
esta mañana, ni intervenir en esta Mesa Redonda.
Desearía referirme
a cinco elementos que, a juicio de Cuba, tipifican el
proceso de negociaciones que se realizó para llegar al
proyecto de documento final de esta Reunión y al
documento mismo.
Primero: El método
empleado para las negociaciones sienta un precedente
muy negativo para los trabajos de esta organización. Se
caracterizó por su falta de transparencia, por la
manipulación de las propuestas y los resultados, por el
secretismo, por el chantaje y por la creación de
pequeños grupos negociadores que dejaron al margen a
más de 150 países que conforman la mayoría de las
Naciones Unidas. Asimismo, se dejó deliberadamente al
margen de la negociación a delegaciones que mantuvieron
un elevado nivel de actividad durante todo el proceso,
con lo que se impidió que el documento que fuera
aprobado reflejara, en su integralidad, los criterios
necesariamente diversos de todas las delegaciones que
integran esta organización.
Segundo: Esta
reunión de alto nivel se ha apartado totalmente de los
objetivos para lo que fuera convocada. Las resoluciones
que le dieron origen dejaban claro que en ella debía
examinarse, cinco años después, el cumplimiento de las
metas acordadas en la Cumbre del Milenio y, muy
particularmente, las metas de desarrollo.
Sin embargo, hemos
visto como los temas que figuran en el documento final
se apartan totalmente de tal objetivo. No existe un
mínimo de compromiso para adoptar acciones prácticas
que permitan cumplir las muy modestas metas del
Milenio, especialmente en cuanto al financiamiento.
Incluso, se ha distorsionado el tema relativo a la
“condonación de la deuda externa”, pues se presenta
como si los montos condonados fueran recursos nuevos
aportados por la vía de la Asistencia Oficial al
Desarrollo (AOD) cuando, en realidad, son deudas que
nunca podrían ser pagadas.
El documento no
contiene ni una palabra sobre el desarme nuclear ni
sobre el desarme general y completo, que constituye una
aspiración de larga data de esta organización, ni sobre
las armas de exterminio en masa.
Estados Unidos se
negó, incluso, a que siquiera se reiteraran los
compromisos asumidos en las grandes conferencias de las
Naciones Unidas que se han celebrado en este lustro, a
pesar de la insistencia de la mayoría de las
delegaciones, y sólo muy al final del proceso
negociador aceptó que se incluyese una tibia mención a
las metas del Milenio.
Tercero: Se ha
retrocedido en el lenguaje acordado en eventos
anteriores, hasta el punto de que no se hace mención
siquiera de las medidas coercitivas unilaterales, cuyo
rechazo forma parte de los documentos finales acordados
por todas y cada una de ellas. Se utiliza un lenguaje
diluido e impreciso.
Tampoco se crean
mecanismos para controlar los compromisos financieros
de los países donantes. Mientras, el mundo gasta un
millón de millones de dólares en armamentos, más de la
mitad por parte de el país anfitrión de esta
conferencia, y se gasta otro millón de millones en
publicidad. Por tanto, la cuestión no radica en que no
haya recursos; sí los hay, pero lo que falta es
voluntad política.
Cuarto: Nada se
hace para denunciar lo que es una irrebatible realidad:
el Sur financia al Norte. El Primer Ministro Patterson
de Jamaica se refirió muy claramente a este aspecto en
la mañana de hoy cuando recordó que en los últimos
cinco años los 150 países subdesarrollados han
realizado transferencias netas a los 40 países
industrializados por 1,174 millones de millones de
dólares, unos 230 mil millones de dólares por año, que
le permiten a estos últimos seguir sus patrones de
derroche, armamentismo y contaminación del planeta.
Quinto: Ahora,
habrá que darle seguimiento a un grupo de temas de
importancia, que ni las discusiones ni los acuerdos de
esta reunión han llevado al límite.
Uno de ellos es la
ampliación, la reforma y la democratización del Consejo
de Seguridad; será imprescindible buscar medios de
reinsertar al desarme, incluido el desarme nuclear, en
las prioridades de esta organización; y habrá que
definir qué será el Consejo de Derechos Humanos. Se
pretende reducir su membresía, que sus miembros sean
elegidos por las dos terceras partes de los integrantes
de las Naciones Unidas, que para integrar dicho órgano
un país tenga que cumplir requisitos ilegales como la
certificación de que “tiene buen comportamiento en
materia de derechos humanos” sin que se sepa quién ni
cómo será calificado. Pero, con todo ello, no se
abordan los verdaderos problemas que ha arrastrado al
descrédito a la actual Comisión de Derechos Humanos,
que no son más que la doble moral, la politización, la
selectividad y la discriminación.
Habrá que alcanzar
una verdadera definición del terrorismo, que reconozca
la existencia del terrorismo de Estado y que diferencia
con claridad al terrorismo de la legítima lucha de
liberación de los pueblos contra la agresión o la
ocupación extranjera.
Será necesario,
además, aclarar conceptos tales como la llamada
“responsabilidad de proteger” yla “seguridad humana”,
que son vagos y peligrosos y podrían invocarse un día
para justificar agresiones contra los países del Sur.
Estos son, Sr.
Presidente, las opiniones que queríamos dejar sentadas
en esta Mesa Redonda.
Muchas gracias.
(Minrex) |