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Explicación de voto de la delegación de Cuba realizada
por el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez
Roque, sobre el Documento A/60/l.1, que contiene el
texto final aprobado por la Reunión de Alto Nivel del
60 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU
Señor
Presidente:
Este
plenario acaba de aprobar el documento A/60/L.1, que
contiene el documento final de esta reunión de Alto
Nivel.
Como Usted
conoce, en la sesión de clausura del 59 periodo de
sesiones, Cuba formuló reservas y observaciones sobre
dicho documento que ahora deseamos reiterar.
A las
groseras irregularidades del proceso de negociación,
con su secuencia de imposiciones, secretismo,
exclusiones y discriminación, se unen las graves
omisiones de este documento.
No se quiso
siquiera incluir referencias al desarme nuclear y al
desarme general y completo, aspiraciones de la mayor
parte de la comunidad internacional durante las últimas
cuatro décadas.
No se
aceptó incluir medidas concretas para tratar de cumplir
las metas de desarrollo del milenio que, a pesar de su
insuficiencia ante los graves problemas que enfrentan
hoy los países del Tercer Mundo, distan mucho de
anunciar su cumplimiento para las fechas pactadas hace
ya cinco años.
Las
referencias al desarrollo, al comercio, al medio
ambiente y otros temas de fundamental interés para la
mayoría de los integrantes de esta organización, han
sufrido un retroceso imperdonable.
En cambio,
los Estados Unidos y sus más cercanos aliados, sin
tomar siquiera en cuenta que la presentación a la hora
decisiva de 750 enmiendas ponía en crisis la Cumbre,
insistieron hasta la saciedad en la creación de fondos,
consejos, comisiones y controles de todo tipo que en
lugar de fortalecer el papel de la organización, lo
diluyen, lo distorsionan y ponen en precario la unidad
imprescindible que se requiere para salvar miles de
millones de vidas humanas que hoy padecen miseria,
hambre e insalubridad.
Esta ha
sido la Cumbre del egoísmo, de la prepotencia y de la
mentira. La Cumbre en que se nos pretende presentar
como un gran logro el incremento de la Asistencia
Oficial para el Desarrollo, utilizando para ello la
condonación de determinados montos de la deuda externa,
que, de todas maneras, los países deudores jamás
habrían podido pagar.
¿Dónde
figuran en este documento los compromisos concretos de
trabajar hacia un nuevo orden internacional más justo y
equitativo? Por el contrario, hemos escuchado
intervenciones en esta sala de tono amenazante y
agresivo y otras que rayan en el insulto.
Mi
delegación no cree que debamos congratularnos por los
resultados de esta reunión y mucho menos por el
contenido de su documento final.
En la tarde
de ayer, el Presidente de la República Bolivariana de
Venezuela, Hugo Chávez, fue sumamente claro al destacar
los serios problemas que esta organización, que fuera
creada para salvaguardar y promover la paz, la
dignidad, la justicia y el desarrollo a escala
planetaria, tiene y tendrá para cumplir con los
propósitos de su Carta mientras los poderosos sigan
impidiendo que aquellos, a quienes la propia Carta
definió como "nosotros, los pueblos" rijan los destinos
de las Naciones Unidas.
Cuba apoya
plenamente y sin reservas las palabras del Presidente
Chávez.
Ahora nos
enfrentamos a una nueva etapa, en la que debemos llegar
a la concreción de lo decidido hoy. Será la decisiva.
En los nuevos procesos negociadores que se avecinan no
pueden repetirse las manipulaciones de días pasados y
dichos procesos deberán ser verdaderamente abiertos,
democráticos, participativos y sin imposiciones de tipo
alguno.
Sabemos que
ya hay delegaciones que trabajan para que ello no sea
así. La delegación cubana, señor Presidente, espera que
Usted se convierta en su garante de la justicia y la
equidad.
Muchas
gracias
(Granma) 17 de septiembre de 2005
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