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Excelencias:
Hoy es un día especialmente simbólico. Cuba es
miembro fundador del Consejo de Derechos Humanos y
Estados Unidos no. Cuba resultó elegida con el apoyo
abrumador de 135 países, más de dos tercios de la
Asamblea General de Naciones Unidas, mientras
Estados Unidos no se atrevió siquiera a presentarse
como candidato. Cuba confiaba en el voto secreto por
las mismas razones que Estados Unidos lo temía.
La elección de Cuba es la victoria de los principios
y de la verdad, es un reconocimiento al valor de
nuestra resistencia. La ausencia de Estados Unidos
es la derrota de la mentira, es el castigo moral a
la arrogancia de un imperio.
La elección supuso una exigente evaluación. Cada uno
recibió lo que merecía. Cuba fue premiada y Estados
Unidos fue castigado. Cada uno tenía su historia y
los países que votaron la conocían bien.
Los países africanos recordaban que más de dos mil
combatientes cubanos habían derramado su sangre
generosa en la lucha contra el oprobioso régimen del
apartheid, al que Estados Unidos apoyó y armó,
incluso con armas nucleares.
Cuba llegó a la elección con casi 30 mil médicos
cubanos salvando vidas y aliviando el dolor en 70
países mientras Estados Unidos llegó con 150 mil
soldados invasores, enviados a matar y a morir en
una guerra injusta e ilegal.
Cuba llegó con más de 300 mil pacientes de 26 países
de América Latina y el Caribe que recuperaban la
visión gracias a las cirugías gratuitas realizadas
por oftalmólogos cubanos. Estados Unidos llegó con
más de 100 mil civiles asesinados y 2500 jóvenes
norteamericanos muertos en una guerra fraguada para
robarse el petróleo de un país y regalarle jugosos
contratos a un grupo de los amiguetes del Presidente
de la única superpotencia del planeta.
Cuba llegó a la elección con más de 25 mil jóvenes
de 120 países del Tercer Mundo estudiando
gratuitamente en sus universidades. Estados Unidos
llegó con un campo de concentración en Guantánamo,
donde se tortura a los prisioneros y en el que se
declara oficialmente por los carceleros que el
suicidio de tres seres humanos “no es un acto de
desesperación sino un acto de guerra y de
propaganda”.
Cuba llegó a la elección mientras sus aviones
transportaban médicos cubanos y hospitales de
campaña a lugares donde ocurrieron desastres
naturales o epidemias. Estados Unidos llegó mientras
sus aviones trasportaban en secreto de unas cárceles
a otras a prisioneros drogados y maniatados.
Cuba llegó a la elección proclamando la vigencia del
derecho sobre la fuerza, defendiendo la Carta de
Naciones Unidas, reclamando y luchando por un mundo
mejor. Estados Unidos llegó proclamando que “si no
están de nuestro lado están contra nosotros”.
Cuba llegó a la elección proponiendo dedicar el
millón de millones de dólares que anualmente se
gasta en armas a luchar contra la muerte por causas
prevenibles de 11 millones de niños menores de 5
años y de 600 mil mujeres pobres en el parto cada
año. Mientras, Estados Unidos llegó proclamando su
derecho a bombardear y arrasar “preventivamente” lo
que llamó con desprecio “cualquier oscuro rincón del
mundo” si no se obedecían sus designios. Ello
incluía a la ciudad de La Haya, si se pretendía
juzgar a algún soldado norteamericano en la Corte
Penal Internacional.
Mientras Cuba defendía los derechos del pueblo
palestino, Estados Unidos era el principal sostén de
los crímenes y atrocidades de Israel.
Mientras bajo el azote del huracán Katrina, el
gobierno de Estados Unidos abandonaba a cientos de
miles de personas a su suerte, la mayoría negros y
pobres, Cuba ofrecía el envío inmediato de 1100
médicos, que hubieran podido salvar vidas y aliviar
el sufrimiento.
Podría seguir así desgranando razones hasta mañana.
Sólo quiero agregar que quien no ocupa hoy un escaño
como miembro del Consejo es el gobierno de Estados
Unidos, no su pueblo. El pueblo norteamericano
estará representado en los demás, incluido el escaño
de Cuba. Nuestra delegación será vocera también de
los derechos del pueblo norteamericano y, en
particular, de sus sectores más discriminados y
excluidos.
Ahora bien, la verdad es que Estados Unidos no
estuvo solo en sus groseras y desesperadas maniobras
y presiones para impedir la elección de Cuba. Un
pequeño grupo de aliados lo acompañó hasta el final.
Son los de siempre. Beneficiarios del injusto y
excluyente orden mundial, antiguas metrópolis
coloniales en su mayoría, que no han pagado todavía
su deuda histórica con las que fueron sus colonias.
Cuba conoce perfectamente, hasta en sus mínimos
detalles, el acuerdo secreto negociado en Bruselas a
través del cual la Unión Europea se comprometió a no
votar por Cuba y a trabajar estrechamente junto a
Estados Unidos contra nuestra candidatura. Pero
fracasaron rotundamente. Resulta que Cuba fue
elegida sin su apoyo y su incómodo aliado, al que
necesitan como gendarme que garantice sus
privilegios y su opulencia derrochadora, no se pudo
presentar siquiera a las elecciones.
En los pasillos y salones de este edificio se
escuchan ahora reiterados llamados a “un nuevo
comienzo” y a “imprimirle aire fresco al nuevo
Consejo”, precisamente de parte de los mismos que
son responsables de la manipulación, la hipocresía y
la selectividad que hicieron naufragar a la
Comisión. Conviene señalar que un nuevo comienzo no
puede construirse sobre la base de olvidar lo que ha
venido ocurriendo o simular que un poco de retórica
edulcorada resuelve los problemas. Hechos y no
palabras es lo que necesitamos.
Si son sinceras las declaraciones de los voceros de
la Unión Europea y estamos de verdad ante un
mea culpa,
pues entonces esperamos todavía por su
rectificación. No por Cuba. No porque se hayan
confabulado con Estados Unidos para tratar de
impedir nuestra elección. No porque no hayan sido
capaces jamás de tener una política ética e
independiente hacia Cuba.
Esperamos una rectificación de la actitud de la
Unión Europea, que impidió el pasado año que se
aprobara en la Comisión de Derechos Humanos una
investigación sobre las masivas, flagrantes y
sistemáticas violaciones de derechos humanos en la
Base Naval de Guantánamo.
Una rectificación del cómplice silencio con el que
permitieron la realización de cientos de vuelos
secretos de la CIA trasladando personas secuestradas
y el establecimiento de cárceles clandestinas en el
propio territorio europeo, en las que se tortura y
se veja a los prisioneros. La Unión Europea ha
obstaculizado hipócritamente hasta hoy la
investigación y el esclarecimiento de estos hechos.
La Unión Europea no ha tenido el valor de sancionar
ejemplarmente las miserables manifestaciones de
falta de respeto contra otras religiones y
costumbres.
La Unión Europea fue cómplice de Estados Unidos en
la conversión de la antigua Comisión en una suerte
de tribunal inquisidor contra los países del Sur.
Esperamos que ahora no se repita.
La Unión Europea no ha reconocido siquiera su deuda
histórica con los casi 100 países, hoy naciones
independientes tras años de lucha y sacrificio, que
eran sus expoliadas colonias en el momento en que 57
años atrás se aprobaba la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, en la que paradójicamente se
afirmaba que: “Todos los seres humanos nacen libres
e iguales en dignidad y derechos”.
Excelencias:
Esta sesión puede marcar el inicio de una nueva
etapa en la lucha por crear un verdadero sistema de
promoción y protección de todos los derechos humanos
para todos los habitantes del planeta, y no sólo
para los ricos y privilegiados. Se necesitará para
ello un cambio radical, una verdadera revolución en
las concepciones y métodos que lastraron a la
defenestrada Comisión.
Cuba no se hace ilusiones con la real disposición de
los países desarrollados, aliados de Estados Unidos,
a dar ese paso trascendente e histórico. Sin
embargo, les concederá el beneficio de la duda.
Esperará y los observará.
Si se trabaja para hacer realidad las promesas que
han sido proclamadas a todos los vientos, se podrá
contar con Cuba. Si se repite el pasado, y el
Consejo vuelve a tornarse en un campo de batalla, se
puede contar desde ahora con que Cuba será otra vez
un combatiente en las trincheras de ideas del Tercer
Mundo.
Para convertir el Consejo en tribunal exclusivo
contra los países subdesarrollados y asegurar
impunidad a los del Norte, no se podrá contar con
Cuba.Tampoco para usar la cláusula de suspensión del
Consejo contra los países rebeldes, ni para seguir
usando politizada y selectivamente las resoluciones
sobre países para castigar a los que no bajan la
cabeza.
Para usar el nuevo mecanismo de revisión periódica
universal como instrumento de nuevas presiones y
campañas mediáticas, no se podrá contar con Cuba.
Para defender la mentira y actuar con hipocresía,
tampoco se podrá contar con Cuba.
Para luchar por la verdad y la transparencia, para
defender el derecho a la independencia, a la libre
determinación, a la justicia social, a la igualdad,
sí se puede contar con Cuba.También para defender el
derecho a la alimentación, a la educación, a la
salud, a la dignidad, el derecho a una vida
decorosa.
Para defender la democracia real, la participación
verdadera, el disfrute real de todos los derechos
humanos, se puede contar con Cuba.
Para cooperar con el espurio mandato de cualquier
enviado, representante o relator impuesto a través
de la fuerza y el chantaje, no se puede contar con
la colaboración de Cuba. Para cooperar, en plano de
igualdad con los demás, con el Consejo y sus
mecanismos no selectivos, se puede contar con Cuba.
No se podrá contar con la colaboración de Cuba para
que haga silencio y no denuncie el cruel bloqueo
económico que sufrimos hace más de cuatro décadas y
no reclame el regreso a nuestra Patria de cinco
puros y valerosos jóvenes luchadores antiterroristas
cubanos, presos injusta e ilegalmente en cárceles
norteamericanas.
Para que renunciemos a un solo principio, no se
podrá contar con la colaboración de Cuba. Para
defender el noble ideal de construir un mundo mejor
para todos, se podrá siempre contar con Cuba.
Finalmente, a nombre del pueblo cubano, que allá en
nuestra Patria sueña, construye y defiende su
Revolución, agradezco de modo especial a nuestros
hermanos del Tercer Mundo su apoyo decisivo a la
elección de Cuba como miembro del Consejo de
Derechos Humanos y les reitero que los cubanos no
defraudaremos jamás la confianza que ustedes
depositan en nosotros.
Para los que apoyan la lucha de Cuba por sus
derechos, que es también la lucha por los derechos
de todos los pueblos del Tercer Mundo y de las
fuerzas progresistas y democráticas en el Primer
Mundo, tenemos un mensaje: ¡Hasta la victoria
siempre!
Para los que agreden a Cuba y para sus cómplices,
tenemos otro mensaje: ¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
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