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(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Compañeras y compañeros
En el día de ayer se consumó nuestra victoria en el
Consejo de Derechos Humanos.
Sin embargo, coincidió con el día triste en que
nuestro pueblo rendía un impresionante y sentido
tributo a la partida física de la compañera Vilma
Espín.
Por eso, no nos reunimos ayer y nos convocamos para
hoy en la mañana, para celebrar por esta victoria,
esta espléndida victoria, rotunda, de carácter
histórico, diría, uno de los momentos principales de
la diplomacia revolucionaria; uno de los momentos en
que con más claridad se ha podido apreciar la
justeza de luchar en base a los principios, en base
a la defensa de la razón y de la verdad.
Por esa razón es que nos reunimos hoy, para
compartir con todos los trabajadores del Ministerio,
con sus cuadros principales, con los compañeros que
integran nuestro consejo de dirección, con todos los
funcionarios y funcionarias, con todos los
trabajadores y trabajadoras y con todo nuestro
personal a lo largo y ancho del mundo, este momento
de especial satisfacción y orgullo patrio.
Como se dijo aquí, en 1987 por primera vez Estados
Unidos intentó aprobar una declaración que condenara
a Cuba en la antigua Comisión de Derechos Humanos;
había todavía un mundo bipolar, existía todavía el
campo socialista que votaba junto a los países del
Tercer Mundo, y Estados Unidos no pudo, finalmente,
hacer aprobar aquella resolución, porque se
interpuso una moción de no acción, presentada por la
India, un país importante, no alineado, del Tercer
Mundo, y aquella vez fracasó.
En el año 1988 continuó la batalla; todavía trabajan
con nosotros muchas compañeras y compañeros que
fueron protagonistas de aquellos momentos iniciales
desde diferentes posiciones: como cuadros, como
diplomáticos, como trabajadores. Al año siguiente,
Cuba, con el apoyo de un grupo de países, tomó la
iniciativa e invitó a una delegación de la Comisión
de Derechos Humanos a que viniera, con lo cual se
frustró el intento de los yankis de presentar una
resolución.
Al año siguiente, 1989, en medio ya de la
descomposición, de la desaparición del campo
socialista, la Comisión de Derechos Humanos tampoco
aprobó la resolución que Estados Unidos proponía,
porque prefirió aprobar otro texto donde se tomaba
nota del informe que aquella comisión que había
venido a Cuba había presentado y en el que se
invitaba a Cuba a seguir aquellas recomendaciones;
aquel informe era la prueba palmaria de que en Cuba
no había una violación flagrante y sistemática de
los derechos humanos, un cuadro que mereciera la
atención de la Comisión.
Sin embargo, ya en 1990, a punto de desaparecer la
Unión Soviética formalmente, aunque ya desintegrado
y hecho pedazos aquel gran Estado, y cuando ya los
países que eran socialistas y hasta ese momento
apoyaban a Cuba habían cambiado radicalmente de
orientación, y ahora eran gobiernos que seguían los
dictados y el mandato del gobierno de Estados
Unidos, por primera vez, Estados Unidos obtuvo los
votos para lograr la condena de Cuba. Y así fue en
1990, 1991, 1992, 1993.
En 1993, año más duro para la Revolución, uno de los
momentos más duros del período especial, cuando
mucha gente, incluso nuestros amigos, creían que
nuestro país no podría resistir, fue el año en que
Cuba fue condenada allí espuriamente nada más y nada
menos que por 27 votos a favor de Estados Unidos y
solo cinco votos a favor de Cuba. Es decir, mucha
gente, incluso, no se arriesgaba a desafiar a
Estados Unidos, pensando que no valdrían la pena los
costos de esa decisión, porque Cuba estaba destinada
a ponerse de rodillas y a caer en las garras del
imperio. Sin embargo, nuestra resistencia callada y
viril continuó, nuestra resistencia popular; la
Revolución fue encontrando los mecanismos para
enfrentar aquella dramática situación, y cada año
nuestros diplomáticos levantaron su voz en aquel
escenario, aun en minoría, aun sin el apoyo y el
reconocimiento todavía de muchos países que en
privado y en los pasillos nos decían: “Quisiéramos
apoyarlos, pero es muy duro el costo, y no creemos
que ustedes puedan salir adelante.”
Así fueron los años noventa, la década dura. Y en
1998 sorprendimos al imperio.
El ejercicio estaba desgastado, Estados Unidos
estaba tan confiado que ya consideraba que su
resolución se aprobaba automáticamente, no hacía
gestiones, no presionaba, porque estaban
acostumbrados a que todos esos años la victoria la
obtenían fácilmente, y en el año 1998 nuestro país
logró derrotar aquella resolución. Fue un momento,
una clarinada, un rayo de luz que se abrió en medio
de la noche; sin embargo, al año siguiente, en medio
de una batalla realmente memorable, que en Cuba
dirigió personalmente el compañero Fidel, dirigiendo
cartas a muchos Jefes de Estado, y en medio de una
guerra en el terreno de las ideas, de la política y
de la diplomacia, en el año 1999 Estados Unidos
logró, mediante presiones brutales que implicaron
personalmente al Presidente, al Vicepresidente de
Estados Unidos, a la Secretaria de Estado, logró,
por 21 votos a 20, volver a imponer aquella
resolución contra Cuba.
Ya entonces nunca más Estados Unidos se confió,
nunca más creyó que la victoria era automática, y a
partir de esos años, 1999, 2000, 2001, 2002, hasta
el año 2005, ellos o sus testaferros presentaron el
texto y Estados Unidos peleó duramente con Cuba sin
que nosotros cediéramos un milímetro en ese terreno,
en batalla viril, en batalla realmente digna, que
muchas veces se selló por una mínima diferencia, y
el apoyo a Cuba fue creciendo y el desgaste de aquel
ejercicio se fue profundizando.
Fue tal la batalla que Cuba encabezó, que contribuyó
de manera decisiva a que la Comisión de Derechos
Humanos quedara desnudada en toda su hipocresía, en
toda su doble moral, cuando esa misma comisión no
pudo nombrar una comisión que fuera a la Base Naval
de Guantánamo a investigar las brutales violaciones
de los derechos humanos que allí ocurrían; ese día
quedó más claro que nunca. En este mismo lugar se
denunció esa hipocresía, cuando fue claro que los
aliados de Estados Unidos, los países desarrollados,
no se atrevían a votar contra Estados Unidos y
quedaron al desnudo todas las falacias de sus
argumentos, toda la hipocresía de su actuación.
Eso abrió las condiciones entonces para que aquella
comisión desapareciera.
Se creó el consenso en la comunidad internacional,
aunque Estados Unidos no quería, porque era su
instrumento dócil para tratar de castigar a los que
resisten, para tratar de castigar a los que no se
ponen de rodillas; pero, al final, en complejas
negociaciones, en las que Cuba jugó un papel clave y
en las que nuestra misión en Naciones Unidas jugó un
papel importante, y en las que nuestra diplomacia
realmente trabajó con habilidad y con apego a los
principios, se aprobó la Resolución de la Asamblea
General, contra la que Estados Unidos votó casi en
solitario, y se aprobó la resolución que abrió paso
al Consejo de Derechos Humanos.
Allí se habían preservado muchas de las ideas y las
banderas que Cuba había defendido, como una
representación geográfica proporcional que les quitó
plazas a los aliados yankis de Europa y creó más
posibilidades de representación para los países del
Tercer Mundo y muchas otras decisiones que fueron
favorables.
Después vinieron las elecciones, que celebramos en
este mismo lugar cuando Cuba recibió, por voto
secreto de la comunidad internacional, nada más y
nada menos que 135 votos para ser elegida miembro
fundador del Consejo, con más de dos tercios de los
votos, que fue un reconocimiento a la ejecutoria de
Cuba en esta materia. Así, nuestro país formó parte
de los 47 miembros fundadores, que comenzaron a
negociar cómo funcionaría el Consejo y qué se haría
con las decisiones y los mandatos que estaban
pendientes de la vieja comisión.
Ese es el proceso que ha durado un año, donde otra
vez hemos trabajado duro, muchas veces en silencio;
pero siempre con el norte, la brújula, digamos, de
la enseñanza de Fidel, de no apartarnos un milímetro
de los principios, de no caer nunca en una
componenda, en un lenguaje que no sea la defensa
vertical de lo justo, de la verdad, de los
principios sobre los cuales la Revolución sustenta
su autoridad moral.
Ese proceso de un año, en el que nuestra misión en
Ginebra jugó un papel importante y nuestras
delegaciones, que fueron participando en los
sucesivos períodos también con compañeras y
compañeros que fueron desde aquí, es lo que terminó
ayer aprobando por consenso el paquete de decisiones
que en un documento presentó el Presidente del
Consejo, embajador de México en Ginebra, que
realmente cumplió su cometido y trabajó con
honestidad y con equilibrio cumpliendo el mandato
que se le había dado. Ese paquete, que no gustaba a
Estados Unidos, que trató hasta el último minuto de
torpedear, para lo cual logró que la delegación de
Canadá pidiera una votación procesal sobre el tema,
que perdió por 46 votos contra 1; o sea, el voto
solitario de Canadá —Estados Unidos no era miembro,
no podía votar, tenía que usar a otros países para
eso—, finalmente abrió paso a que se aprobara por
consenso.
Unos días antes había habido un debate sobre el
informe presentado por esta representante para Cuba,
en el que 26 delegaciones se opusieron
explícitamente a las mentiras originadas en Miami y
en Washington que allí estaban contenidas, y solo
cuatro países —Estados Unidos, Alemania, República
Checa y Canadá— apoyaron, esos cuatro países en
solitario. Allí un embajador dijo: “Estamos seguros
de que el próximo lunes, en esta sala se cantará la
Guantanamera” (Risas), y así ocurrió.
Ese fue el antecedente que probó que Cuba tenía los
votos para derrotar en una votación esa resolución.
Cuba tenía más de 20 votos comprometidos. Países que
hasta ahora se abstenían habían dicho: “Si llega el
momento de votar, votaremos junto a Cuba y no solo
en abstención como hemos hecho hasta ahora.”
Había llegado el punto culminante de madurez de
nuestra batalla, la victoria segura, y los aliados
de Estados Unidos entonces prefirieron no someter el
tema a votación, que los llevaría a una derrota
vergonzante y prefirieron la manera menos dolorosa
de perder, que era permitir aprobar el documento por
consenso, que equivalió prácticamente a unanimidad,
y de esa manera se puso fin ayer al mandato que
hasta ahora mantenía el caso de Cuba, lo que le
quedaba ya a Estados Unidos, en la comisión.
Es una gran victoria. Fue nuestro homenaje a Vilma,
a quien tenemos que recordar peleando como ella
vivió, y nuestro homenaje a Fidel y a nuestro
pueblo: a Fidel, que nos ha enseñado que la victoria
es posible si se pelea por ella sobre la base de los
principios, y a nuestro pueblo, que con su
resistencia ha hecho posible esta victoria, que no
es el resultado de la magia de los diplomáticos, es
la cosecha de la siembra hecha por el pueblo con su
resistencia.
Es la victoria de todos, pero un día como hoy creo
que es justo reconocer la contribución de muchos
compañeros, entre los cuales, de manera especial
creo que debemos nombrar aquí hoy al compañero
Abelardo Moreno (Aplausos), que va este año por su
cifrado 1 350 (Risas) y que jugó un papel decisivo a
lo largo de todos estos años y, en particular, en
este año.
También las compañeras y compañeros que integran
nuestra Dirección de Asuntos Multilaterales
(Aplausos); nuestro colectivo de la misión cubana en
Ginebra (Aplausos), dirigido por el embajador Juan
Antonio Fernández que ayer defendió allí con
verticalidad y coherencia la posición de Cuba en el
momento en que nos tocó explicar nuestro voto, y que
han hecho un trabajo realmente meritorio, junto al
resto de los compañeros que fueron desde aquí como
refuerzo a nuestra delegación.
Pero ellos no han sido los únicos, ellos no podrían
hacer el trabajo sin la contribución de los demás:
las direcciones regionales del Ministerio han jugado
un papel importante; las demás direcciones que
tributan a ese esfuerzo han tenido mucha
importancia. No hay un área del Ministerio que no
haya contribuido a esta victoria. Todos los demás
deben sentir también que esta victoria es suya y que
este reconocimiento también les pertenece.
No cabe duda de que existe la posibilidad teórica de
que el enemigo pueda volver, presentar y tratar de
imponer una resolución; existe esa posibilidad,
ellos podrían en futuros períodos de sesiones volver
a intentar reimponer una resolución, pero es el
momento en que más difícil parece que lo puedan
hacer, no solo desde el punto de vista político, no
solo desde el punto de vista del apoyo creciente de
Cuba, de la autoridad creciente de Cuba como
presidente del Movimiento de Países No Alineados,
sino también que los procedimientos acordados para
que funcione el nuevo Consejo y el espacio
institucional nuevo que se crea, harán más difícil
esas manipulaciones.
De todas maneras tendremos que mantenernos alertas,
y, además, ello no significará menos compromiso y
menos trabajo para Cuba, porque nuestro compromiso
con el tema va más allá de la defensa de nuestro
interés nacional; no hemos ido allí solamente a
defender el interés nacional de Cuba, y cuando hemos
defendido el interés nacional de Cuba lo hemos hecho
pensando no solo en nosotros, sino en que la
victoria de Cuba sería también un escudo para el
resto de los países del Tercer Mundo.
Seguiremos allí, porque nuestro compromiso con la
defensa de todos los derechos humanos para todos los
habitantes del planeta es más genuino y es más
convicción que nunca en nuestros pechos. Por lo
tanto, seguiremos allí trabajando para impulsar los
derechos, como el derecho al desarrollo, nuestra
batalla contra la discriminación, la xenofobia,
contra el racismo; seguiremos allí defendiendo los
derechos humanos básicos, que el actual mundo
injusto e insostenible que Estados Unidos ha logrado
entronizar por la fuerza niega a miles de millones
de habitantes del planeta.
Es un día de victoria, es un día de alegría que nos
permite también mirar hacia adelante después de
haber pasado el día de ayer de recogimiento y duelo,
de tristeza, pero al mismo tiempo de optimismo en
que las cubanas y los cubanos que nacieron en la
Revolución que Vilma ayudó a triunfar y que son
beneficiarios de la sociedad que ella ayudó a
construir, seguirán siendo leales a esos principios
y construirán cada día, con su desempeño en la
trinchera que a cada cual le ha tocado, un homenaje
permanente a la heroína de la sierra y del llano.
Celebremos entonces nuestra victoria, felicitemos a
nuestros compañeros y tengamos conciencia de que en
el día de ayer la patria ha escrito una nueva página
imborrable de su historia.
¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Minrex) 20-06-2007
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