Bienvenido al Sitio Web de la Embajada de Cuba en Siria y Jordania- سفارة كوبا في الجمهورية العربية السورية والمملكة الأردنية الهاشمية ترحب بكم
  

Portada

 

   

English

عربي

Palabras de Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores, en el acto de los trabajadores celebrado en el MINREX, el 20 de junio de 2007, “Año 49 de la Revolución”.

 

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Compañeras y compañeros
En el día de ayer se consumó nuestra victoria en el Consejo de Derechos Humanos.
Sin embargo, coincidió con el día triste en que nuestro pueblo rendía un impresionante y sentido tributo a la partida física de la compañera Vilma Espín.

Por eso, no nos reunimos ayer y nos convocamos para hoy en la mañana, para celebrar por esta victoria, esta espléndida victoria, rotunda, de carácter histórico, diría, uno de los momentos principales de la diplomacia revolucionaria; uno de los momentos en que con más claridad se ha podido apreciar la justeza de luchar en base a los principios, en base a la defensa de la razón y de la verdad.

Por esa razón es que nos reunimos hoy, para compartir con todos los trabajadores del Ministerio, con sus cuadros principales, con los compañeros que integran nuestro consejo de dirección, con todos los funcionarios y funcionarias, con todos los trabajadores y trabajadoras y con todo nuestro personal a lo largo y ancho del mundo, este momento de especial satisfacción y orgullo patrio.

Como se dijo aquí, en 1987 por primera vez Estados Unidos intentó aprobar una declaración que condenara a Cuba en la antigua Comisión de Derechos Humanos; había todavía un mundo bipolar, existía todavía el campo socialista que votaba junto a los países del Tercer Mundo, y Estados Unidos no pudo, finalmente, hacer aprobar aquella resolución, porque se interpuso una moción de no acción, presentada por la India, un país importante, no alineado, del Tercer Mundo, y aquella vez fracasó.

En el año 1988 continuó la batalla; todavía trabajan con nosotros muchas compañeras y compañeros que fueron protagonistas de aquellos momentos iniciales desde diferentes posiciones: como cuadros, como diplomáticos, como trabajadores. Al año siguiente, Cuba, con el apoyo de un grupo de países, tomó la iniciativa e invitó a una delegación de la Comisión de Derechos Humanos a que viniera, con lo cual se frustró el intento de los yankis de presentar una resolución.

Al año siguiente, 1989, en medio ya de la descomposición, de la desaparición del campo socialista, la Comisión de Derechos Humanos tampoco aprobó la resolución que Estados Unidos proponía, porque prefirió aprobar otro texto donde se tomaba nota del informe que aquella comisión que había venido a Cuba había presentado y en el que se invitaba a Cuba a seguir aquellas recomendaciones; aquel informe era la prueba palmaria de que en Cuba no había una violación flagrante y sistemática de los derechos humanos, un cuadro que mereciera la atención de la Comisión.

Sin embargo, ya en 1990, a punto de desaparecer la Unión Soviética formalmente, aunque ya desintegrado y hecho pedazos aquel gran Estado, y cuando ya los países que eran socialistas y hasta ese momento apoyaban a Cuba habían cambiado radicalmente de orientación, y ahora eran gobiernos que seguían los dictados y el mandato del gobierno de Estados Unidos, por primera vez, Estados Unidos obtuvo los votos para lograr la condena de Cuba. Y así fue en 1990, 1991, 1992, 1993.

En 1993, año más duro para la Revolución, uno de los momentos más duros del período especial, cuando mucha gente, incluso nuestros amigos, creían que nuestro país no podría resistir, fue el año en que Cuba fue condenada allí espuriamente nada más y nada menos que por 27 votos a favor de Estados Unidos y solo cinco votos a favor de Cuba. Es decir, mucha gente, incluso, no se arriesgaba a desafiar a Estados Unidos, pensando que no valdrían la pena los costos de esa decisión, porque Cuba estaba destinada a ponerse de rodillas y a caer en las garras del imperio. Sin embargo, nuestra resistencia callada y viril continuó, nuestra resistencia popular; la Revolución fue encontrando los mecanismos para enfrentar aquella dramática situación, y cada año nuestros diplomáticos levantaron su voz en aquel escenario, aun en minoría, aun sin el apoyo y el reconocimiento todavía de muchos países que en privado y en los pasillos nos decían: “Quisiéramos apoyarlos, pero es muy duro el costo, y no creemos que ustedes puedan salir adelante.”

Así fueron los años noventa, la década dura. Y en 1998 sorprendimos al imperio.

El ejercicio estaba desgastado, Estados Unidos estaba tan confiado que ya consideraba que su resolución se aprobaba automáticamente, no hacía gestiones, no presionaba, porque estaban acostumbrados a que todos esos años la victoria la obtenían fácilmente, y en el año 1998 nuestro país logró derrotar aquella resolución. Fue un momento, una clarinada, un rayo de luz que se abrió en medio de la noche; sin embargo, al año siguiente, en medio de una batalla realmente memorable, que en Cuba dirigió personalmente el compañero Fidel, dirigiendo cartas a muchos Jefes de Estado, y en medio de una guerra en el terreno de las ideas, de la política y de la diplomacia, en el año 1999 Estados Unidos logró, mediante presiones brutales que implicaron personalmente al Presidente, al Vicepresidente de Estados Unidos, a la Secretaria de Estado, logró, por 21 votos a 20, volver a imponer aquella resolución contra Cuba.

Ya entonces nunca más Estados Unidos se confió, nunca más creyó que la victoria era automática, y a partir de esos años, 1999, 2000, 2001, 2002, hasta el año 2005, ellos o sus testaferros presentaron el texto y Estados Unidos peleó duramente con Cuba sin que nosotros cediéramos un milímetro en ese terreno, en batalla viril, en batalla realmente digna, que muchas veces se selló por una mínima diferencia, y el apoyo a Cuba fue creciendo y el desgaste de aquel ejercicio se fue profundizando.

Fue tal la batalla que Cuba encabezó, que contribuyó de manera decisiva a que la Comisión de Derechos Humanos quedara desnudada en toda su hipocresía, en toda su doble moral, cuando esa misma comisión no pudo nombrar una comisión que fuera a la Base Naval de Guantánamo a investigar las brutales violaciones de los derechos humanos que allí ocurrían; ese día quedó más claro que nunca. En este mismo lugar se denunció esa hipocresía, cuando fue claro que los aliados de Estados Unidos, los países desarrollados, no se atrevían a votar contra Estados Unidos y quedaron al desnudo todas las falacias de sus argumentos, toda la hipocresía de su actuación.

Eso abrió las condiciones entonces para que aquella comisión desapareciera.
Se creó el consenso en la comunidad internacional, aunque Estados Unidos no quería, porque era su instrumento dócil para tratar de castigar a los que resisten, para tratar de castigar a los que no se ponen de rodillas; pero, al final, en complejas negociaciones, en las que Cuba jugó un papel clave y en las que nuestra misión en Naciones Unidas jugó un papel importante, y en las que nuestra diplomacia realmente trabajó con habilidad y con apego a los principios, se aprobó la Resolución de la Asamblea General, contra la que Estados Unidos votó casi en solitario, y se aprobó la resolución que abrió paso al Consejo de Derechos Humanos.

Allí se habían preservado muchas de las ideas y las banderas que Cuba había defendido, como una representación geográfica proporcional que les quitó plazas a los aliados yankis de Europa y creó más posibilidades de representación para los países del Tercer Mundo y muchas otras decisiones que fueron favorables.

Después vinieron las elecciones, que celebramos en este mismo lugar cuando Cuba recibió, por voto secreto de la comunidad internacional, nada más y nada menos que 135 votos para ser elegida miembro fundador del Consejo, con más de dos tercios de los votos, que fue un reconocimiento a la ejecutoria de Cuba en esta materia. Así, nuestro país formó parte de los 47 miembros fundadores, que comenzaron a negociar cómo funcionaría el Consejo y qué se haría con las decisiones y los mandatos que estaban pendientes de la vieja comisión.

Ese es el proceso que ha durado un año, donde otra vez hemos trabajado duro, muchas veces en silencio; pero siempre con el norte, la brújula, digamos, de la enseñanza de Fidel, de no apartarnos un milímetro de los principios, de no caer nunca en una componenda, en un lenguaje que no sea la defensa vertical de lo justo, de la verdad, de los principios sobre los cuales la Revolución sustenta su autoridad moral.

Ese proceso de un año, en el que nuestra misión en Ginebra jugó un papel importante y nuestras delegaciones, que fueron participando en los sucesivos períodos también con compañeras y compañeros que fueron desde aquí, es lo que terminó ayer aprobando por consenso el paquete de decisiones que en un documento presentó el Presidente del Consejo, embajador de México en Ginebra, que realmente cumplió su cometido y trabajó con honestidad y con equilibrio cumpliendo el mandato que se le había dado. Ese paquete, que no gustaba a Estados Unidos, que trató hasta el último minuto de torpedear, para lo cual logró que la delegación de Canadá pidiera una votación procesal sobre el tema, que perdió por 46 votos contra 1; o sea, el voto solitario de Canadá —Estados Unidos no era miembro, no podía votar, tenía que usar a otros países para eso—, finalmente abrió paso a que se aprobara por consenso.

Unos días antes había habido un debate sobre el informe presentado por esta representante para Cuba, en el que 26 delegaciones se opusieron explícitamente a las mentiras originadas en Miami y en Washington que allí estaban contenidas, y solo cuatro países —Estados Unidos, Alemania, República Checa y Canadá— apoyaron, esos cuatro países en solitario. Allí un embajador dijo: “Estamos seguros de que el próximo lunes, en esta sala se cantará la Guantanamera” (Risas), y así ocurrió.

Ese fue el antecedente que probó que Cuba tenía los votos para derrotar en una votación esa resolución.

Cuba tenía más de 20 votos comprometidos. Países que hasta ahora se abstenían habían dicho: “Si llega el momento de votar, votaremos junto a Cuba y no solo en abstención como hemos hecho hasta ahora.”

Había llegado el punto culminante de madurez de nuestra batalla, la victoria segura, y los aliados de Estados Unidos entonces prefirieron no someter el tema a votación, que los llevaría a una derrota vergonzante y prefirieron la manera menos dolorosa de perder, que era permitir aprobar el documento por consenso, que equivalió prácticamente a unanimidad, y de esa manera se puso fin ayer al mandato que hasta ahora mantenía el caso de Cuba, lo que le quedaba ya a Estados Unidos, en la comisión.

Es una gran victoria. Fue nuestro homenaje a Vilma, a quien tenemos que recordar peleando como ella vivió, y nuestro homenaje a Fidel y a nuestro pueblo: a Fidel, que nos ha enseñado que la victoria es posible si se pelea por ella sobre la base de los principios, y a nuestro pueblo, que con su resistencia ha hecho posible esta victoria, que no es el resultado de la magia de los diplomáticos, es la cosecha de la siembra hecha por el pueblo con su resistencia.

Es la victoria de todos, pero un día como hoy creo que es justo reconocer la contribución de muchos compañeros, entre los cuales, de manera especial creo que debemos nombrar aquí hoy al compañero Abelardo Moreno (Aplausos), que va este año por su cifrado 1 350 (Risas) y que jugó un papel decisivo a lo largo de todos estos años y, en particular, en este año.

También las compañeras y compañeros que integran nuestra Dirección de Asuntos Multilaterales (Aplausos); nuestro colectivo de la misión cubana en Ginebra (Aplausos), dirigido por el embajador Juan Antonio Fernández que ayer defendió allí con verticalidad y coherencia la posición de Cuba en el momento en que nos tocó explicar nuestro voto, y que han hecho un trabajo realmente meritorio, junto al resto de los compañeros que fueron desde aquí como refuerzo a nuestra delegación.

Pero ellos no han sido los únicos, ellos no podrían hacer el trabajo sin la contribución de los demás: las direcciones regionales del Ministerio han jugado un papel importante; las demás direcciones que tributan a ese esfuerzo han tenido mucha importancia. No hay un área del Ministerio que no haya contribuido a esta victoria. Todos los demás deben sentir también que esta victoria es suya y que este reconocimiento también les pertenece.

No cabe duda de que existe la posibilidad teórica de que el enemigo pueda volver, presentar y tratar de imponer una resolución; existe esa posibilidad, ellos podrían en futuros períodos de sesiones volver a intentar reimponer una resolución, pero es el momento en que más difícil parece que lo puedan hacer, no solo desde el punto de vista político, no solo desde el punto de vista del apoyo creciente de Cuba, de la autoridad creciente de Cuba como presidente del Movimiento de Países No Alineados, sino también que los procedimientos acordados para que funcione el nuevo Consejo y el espacio institucional nuevo que se crea, harán más difícil esas manipulaciones.

De todas maneras tendremos que mantenernos alertas, y, además, ello no significará menos compromiso y menos trabajo para Cuba, porque nuestro compromiso con el tema va más allá de la defensa de nuestro interés nacional; no hemos ido allí solamente a defender el interés nacional de Cuba, y cuando hemos defendido el interés nacional de Cuba lo hemos hecho pensando no solo en nosotros, sino en que la victoria de Cuba sería también un escudo para el resto de los países del Tercer Mundo.

Seguiremos allí, porque nuestro compromiso con la defensa de todos los derechos humanos para todos los habitantes del planeta es más genuino y es más convicción que nunca en nuestros pechos. Por lo tanto, seguiremos allí trabajando para impulsar los derechos, como el derecho al desarrollo, nuestra batalla contra la discriminación, la xenofobia, contra el racismo; seguiremos allí defendiendo los derechos humanos básicos, que el actual mundo injusto e insostenible que Estados Unidos ha logrado entronizar por la fuerza niega a miles de millones de habitantes del planeta.

Es un día de victoria, es un día de alegría que nos permite también mirar hacia adelante después de haber pasado el día de ayer de recogimiento y duelo, de tristeza, pero al mismo tiempo de optimismo en que las cubanas y los cubanos que nacieron en la Revolución que Vilma ayudó a triunfar y que son beneficiarios de la sociedad que ella ayudó a construir, seguirán siendo leales a esos principios y construirán cada día, con su desempeño en la trinchera que a cada cual le ha tocado, un homenaje permanente a la heroína de la sierra y del llano.

Celebremos entonces nuestra victoria, felicitemos a nuestros compañeros y tengamos conciencia de que en el día de ayer la patria ha escrito una nueva página imborrable de su historia.

¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Minrex) 20-06-2007

 
 

Imprimir
Enviar a un amigo
Regresar
Su opinion
Cerrar
Subir
Imprimir Enviar a un amigo Regresar Su opinión Cerrar Subir