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Gerardo, René, Antonio, Fernando y Ramón suman casi nueve
años de cárcel: la verdadera naturaleza de este proceso no
es legal sino político.
En agosto del 2005, un panel de tres jueces del Onceno
Circuito de Apelaciones de Atlanta –reputados profesionales
de las leyes, sin vínculo con la Isla- declaró nulo el
amañado proceso celebrado en Miami entre diciembre de 2000 y
junio de 2001.
En una seria argumentación de 93 páginas, los magistrados
dejaron sin efecto las sentencias nacidas de aquel proceso
torcido: aludieron a las varias solicitudes de los
defensores para un cambio de sede que fueron desatendidas
por la jueza; señalaron las evidencias presentadas acerca
del clima agresivo de Miami, bien nocivo para un buen juicio
y mencionaron el asedio a los jurados, que incluso
protestaron porque la televisión local los estaba filmando
en el momento de las deliberaciones. También repararon en la
desatinada actuación de los fiscales.
La importantísima decisión de los tres magistrados en
agosto, completamente unánime, tuvo un antecedente
significativo el 27 de mayo del propio año. El Grupo de
Trabajo Sobre Detenciones Arbitrarias de la Comisión de
Derechos Humanos de Naciones Unidas declaró ilegal y
violatoria del derecho internacional la detención de los
Cinco.
El panel de expertos de Naciones Unidas basó su decisión
fundamentalmente en tres consideraciones: después del
arresto, René, Ramón, Fernando, Gerardo y Antonio fueron
mantenidos en confinamiento solitario por 17 meses, durante
los cuales se afectó la comunicación con sus abogados; los
defensores tuvieron un acceso muy limitado a la evidencia y
el clima de predisposición y prejuicio contra los acusados
en Miami persistió y contribuyó a presentar a los acusados
como culpables desde el principio.
Los especialistas de Naciones Unidas –hombres y mujeres con
autoridad sobrada en lides de justicia – concluyeron que
esos tres elementos "en conjunto, son de tal gravedad que
confieren a la privación de libertad de estas cinco personas
un carácter arbitrario". En consecuencia, solicitaron al
Gobierno de Estados Unidos que adoptara las medidas
necesarias para remediarlo.
PERO LOS CINCO CONTINUAN PRESOS
La Casa Blanca hizo caso omiso, a pesar de que los órganos
de la ONU están capacitados para exigir el cumplimiento de
la ley internacional, independientemente de las
peculiaridades de los sistemas legales de cada país. Así lo
estipula el artículo 14 del Pacto Internacional de los
Derechos Civiles y Políticos, paradójicamente, el único de
los trece instrumentos jurídicos del subsistema de Derechos
Humanos de Naciones Unidas que el Gobierno estadounidense ha
ratificado en los últimos años.
¿Entonces, por qué siguen presos?
El asunto trasciende a la justicia y se instala en la vieja
pugna de Washington por vencer a la pequeña Isla que se
atreve a ser soberana en sus narices. Con la injusta sanción
a los Cinco, intentan sentar a Cuba en el banquillo de los
acusados. Cualquier dilación es bienvenida para condenar la
rebeldía, complacer a sus compinches contrarrevolucionarios
de Miami y tratar de justificar, de paso, la inclusión de
este digno país en las listas de presuntas naciones
terroristas que supuestamente amenazan al mundo. Mientras
tanto, el gobierno de Estados Unidos practica el terrorismo
de manera abierta y encubierta, y se burla cínicamente de su
propio sistema de justicia. Recordemos las torturas en Iraq,
en la Base Naval en Guantánamo, en cárceles secretas de
terceros países, entre ellos algunos de Europa. Washington
ha convertido la crueldad y el egoísmo entre los seres
humanos en una filosofía “made in USA”.
¿Y cuál fue el “grave” delito de los Cinco? Observar y
alertar a las autoridades de su país sobre las actividades
terroristas que en el Sur de la Florida desarrollan grupos
de origen cubano contra Cuba, y también contra objetivos en
EE.UU. y otros países, hechos que a lo largo de más de 48
años han causado cuantiosas pérdidas de vidas humanas y
recursos materiales.
En cuanto a la verdad de los hechos ocurre que los
principales medios de prensa e información que como todos
conocemos están en manos de intereses occidentales,
oligárquicos y de las minorías económicamente ricas en el
mundo, con honrosas excepciones, que no reflejan la verdad
y como norma han decidido declararle a esta injusticia la
guerra del silencio. En casos jurídica y moralmente
indefendible para el imperio como es este de los Cinco
Héroes, su mejor arma es la mentira. Pero la verdad y la
justicia se abren paso poco a poco. El pueblo de Cuba y el
creciente número de voces que en el mundo se alzan a favor
de los Cinco al final triunfarán.
Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero,
Fernando González y René González, víctimas de una colosal
injusticia por haber enfrentado al terrorismo anticubano en
su propia madriguera, y comenzando diez años en prisiones de
máxima seguridad, continúan aislados entre sí, sometidos a
un trato cruel que incluye diversas restricciones para
recibir visitas familiares.
Todo el proceso seguido contra ellos sólo se explica por la
ausencia de ética del Gobierno de los Estados Unidos. Nunca
hubo justificación para su arresto ni para el fraudulento
espectáculo judicial, ni para las condenas y sentencias que
les fueron impuestas.
Su encarcelamiento es un secuestro. El gobierno de los
Estados Unidos, que nunca debió arrestarlos, tiene la
obligación moral, política y jurídica de ponerlos en
libertad inmediatamente, sin condiciones.
Mientras persigue con saña semejante a Cinco Héroes de la
lucha contra el terrorismo, Estados Unidos se empeña en
impedir que se haga justicia con Luis Posada Carriles,
terrorista convicto y confeso cuya extradición solicitada
por la República Bolivariana de Venezuela aún no ha sido
respondida y por el contrario es obstaculizada con
engañosas, turbias e ilegales maniobras.
Posada Carriles es tratado como si fuere apenas un caso
migratorio que, además de contrastar con la violencia
ejercida contra millones de trabajadores indocumentados,
busca desviar la atención de la opinión pública con el
propósito de evadir el deber ineludible de devolverlo a
Venezuela. Allí se juzgaba por el atroz acto terrorista de
la destrucción en pleno vuelo de un avión civil y la muerte
de las 73 personas que iban a bordo el 6 de octubre de 1976,
hasta que escapó con la complicidad de Washington para
seguir trabajando directamente con la Casa Blanca en
operaciones criminales contra nuestros pueblos.
Gracias al apoyo del Gobierno estadounidense pudo continuar
su trayectoria terrorista, planeó varios atentados contra la
vida del Presidente Fidel Castro y dirigió numerosos ataques
con artefactos explosivos que causaron graves perjuicios
humanos y daños materiales, incluyendo la muerte en La
Habana de un joven turista italiano. Tal ha sido la
impunidad, que el autor de esas monstruosas acciones se ha
jactado en declaraciones y entrevistas que ha publicado el
New York Times, otros medios impresos y televisivos de los
Estados Unidos, y hasta en un libro autobiográfico.
Al proteger a Posada Carriles, el Gobierno de los Estados
Unidos viola la Resolución 1373 (2001) del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada por iniciativa
suya el 28 de septiembre de 2001, y todas las convenciones y
acuerdos internacionales contra el terrorismo, en particular
la Convención Internacional de Montreal de 1973, y la
Convención para la represión de los atentados terroristas
cometidos con bombas.
Embacuba Egipto
15-09-2007 |