por Marie Frail
24 de julio de 2007
Reimprimado de Reuters
WASHINGTON (Reuters) - Gerardo Hernández considera
que tras 10 años preso en Estados Unidos pagó por su
trabajo como agente no declarado del Gobierno de
Fidel Castro.
Por eso espera que una Corte de Apelaciones anule
las dos cadenas perpetuas a las que fue condenado en
el 2001 en Miami para, según dijo esta semana a
Reuters durante una entrevista telefónica desde una
prisión en California, saciar la sed de venganza de
los exiliados cubanos que había infiltrado.
En Estados Unidos lo acusaron de intentar infiltrar
objetivos militares y facilitar el derribo en 1996
por un MiG cubano de dos avionetas del grupo
Hermanos al Rescate, en las que murieron sus cuatro
tripulantes.
En Cuba, sin embargo, Hernández y los otros cuatro
agentes arrestados en 1998 han sido condecorados por
Fidel Castro como héroes de la república por
infiltrar "grupos terroristas."
"Esperamos que la corte reconozca que el cargo de
espionaje y el de derribar los aviones no tiene
ninguna base y, básicamente, nos deje con el cargo
de conspiración con una sentencia de 10 años," dijo
desde la prisión de Victorville.
"Es muy diferente de ser condenado a cadena perpetua
por algo que no hiciste," añadió Hernández, de 42
años, en una entrevista realizada en inglés a pedido
de las autoridades penitenciarias de Estados Unidos.
Una corte de apelaciones de Atlanta tiene programada
para el 20 de agosto una vista oral que podría
reabrir el caso.
Tras su arresto el 12 de septiembre de 1998 por
agentes del FBI de Miami, la fiscalía de Estados
Unidos los acusó de tratar de infiltrar objetivos
militares en busca de secretos. Uno de ellos
trabajaba como limpiador en la base de entrenamiento
naval en Boca Chica, cerca de Cayo Hueso.
Todos admitieron que recibían órdenes de Cuba.
"Siempre lo reconocimos. Es correcto, estábamos
trabajando para Cuba," dijo Hernández.
"Por eso podríamos haber sido condenados a un máximo
de 10 años," añadió.
La fiscalía no pudo demostrar que Hernández ayudó a
Cuba a derribar las dos avionetas de Hermanos al
Rescate.
Según Hernández, la operación para arrojar panfletos
sobre La Habana había sido anunciado por el grupo de
exiliados durante una conferencia de prensa.
Aún así, fue condenado en el 2001 por un tribunal de
Miami, bastión de los exiliados cubanos donde los
jueces, comentó, no resistieron la hostilidad hacia
el Gobierno comunista de Cuba.
Un panel de la corte de apelaciones de Atlanta anuló
las sentencias en el 2005, porque, dijeron, los
prejuicios contra Castro no garantizaron un juicio
justo en Miami.
La decisión fue desestimada el año pasado por ese
mismo tribunal.
Según Ricardo Alarcón, el presidente del Parlamento
cubano y principal asesor de Castro en su política
hacia Estados Unidos, Hernández y los otros agentes
fueron víctimas de la complicidad de Washington con
los exiliados cubanos de Miami.
"Si hubiera un Gobierno decente en Washington el
proceder sería retirar todas las acusaciones, pedir
perdón y se acabaría todo," dijo esta semana durante
una entrevista en La Habana.
Para Hernández, la puesta este año en libertad bajo
fianza del ex agente cubano de la CIA, Luis Posada
Carriles, acusado de la voladura en 1976 de un avión
comercial cubano con 73 personas a bordo, demuestra
que la justicia estadounidense es permeable a
influencias políticas.
"En este país, si eres un terrorista contra Cuba no
hay problema. Esos son 'buenos terroristas' del
Gobierno de Estados Unidos o 'militantes
anticastristas', como los llaman," añadió.
MANUEL EL DISEÑADOR
Para Hernández, que vivía en Miami bajo la cobertura
de un diseñador gráfico llamado Manuel Viramontes,
lo peor de sus 10 años de prisión ha sido no ver a
su esposa Adriana Pérez, a quien Estados Unidos negó
una visa en siete oportunidades.
"Nos están condenando de por vida a no verlos," dijo
Pérez, una ingeniera química de 37 años, durante una
entrevista en La Habana.
"Es una forma de presionarlos, de debilitarlos (...)
Algo que no han podido lograr con ninguno de ellos,"
comentó y dijo que en septiembre volverá a pedir una
visa para visitar a su esposo.
Hernández señaló que pasa su tiempo en la prisión
escribiendo cartas a familiares, amigos y
simpatizantes. Tiene derecho a 300 minutos mensuales
de llamadas telefónicas, pero no le permiten usar el
correo electrónico como al resto de los presos.
Según su biografía oficial, estudió relaciones
internacionales en La Habana, combatió en una
brigada de tanques en la Guerra de Angola y
desempeñaba "peligrosas misiones" en Estados Unidos
desde mediados de la década de 1990.
(Con reporte adicional de Anthony Boadle y Esteban
Israel en La Habana)
(http://www.freethefive.org/) 27-07-2007