Nuestra América, es decir, la América hispanoamericana, se desborda en
muchas de las páginas, discursos, cartas, artículos, crónicas
periodísticas escritas por el Apostol.
El fragmento del ensayo que a continuación aparece es
culminación y síntesis del ideario latinoamericanista de José Martí.
(...)Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos
tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las
armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del
juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que
trincheras de piedra.
No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a
tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un
escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa
para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los
puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de
casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo
que sean una, las dos manos.(...)¡los árboles se han de poner en fila,
para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento,
y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata
en las raíces de los Andes.
A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en
su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos,
se lo niegan a los demás:(...) ¡Estos nacidos en América, que se
avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y
reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de
las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre? ¿El que se queda con la
madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la
vean, y vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de
corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor
en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que
ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que
piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre
a sus indios, y va de más a menos! ¡Estos delicados, que son hombres y no
quieren hacer el trabajo de hombres! (...)
(...)¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras
Repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de
indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos
sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos,
jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y
compactas. (...)
(...)y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna
el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su
país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e
instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada
hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la
Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y
defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del
gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la
constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de
los elementos naturales del país.
Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre
natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El
mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la
civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.
(...) Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han
subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron
traición. Las Repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para
conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de
gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere
decir creador.
(...)Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al
conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad
europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de
los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los
arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es
nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar
a los políticos exóticos.Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero
el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas. Y calle el pedante vencido;
que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras
dolorosas Repúblicas americanas.
(...)
Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema
opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. (...) La
colonia continuó viviendo en la República; y nuestra América se está
salvando de sus grandes yerros-- de la soberbia de las ciudades capitales,
del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva
de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza
aborigen,--por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la
República que lucha contra la colonia.
(...)
(...)Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma
hispanoamericano. (...)De todos sus peligros se va salvando América. (...)
Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí,
sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos
factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque,
demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la
desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí
propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos
viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre,
por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en
que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de
conquista y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los
ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez,
continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; como su
decoro de República pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos
del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la
arrogancia ostentosa, o la discordia parricida de nuestra América, el
deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e
intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con la
sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de
las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino
formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y
urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca,
la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal
vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese,
sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y
desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se
revele y prevalezca sobre lo peor. (...)
(...)¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a
cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América
trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó
el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas
dolorosas del mar, la semilla de la América nueva! (...)
(...)
(...)De nuestra sociología se sabe poco, y de esas leyes, tan precisas
como esta otra: los pueblos de América son más libres y prósperos a medida
que más se aparten de los Estados Unidos. (...) RHC |