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Freddy Pérez Cabrera
"Hijo:
Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando deberías
estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en
el camino, recibirás la leontina que usó en vida tu padre.
Adiós. Sé justo."
Significa una gran carga llevar con dignidad un apellido
ilustre. Suele exigirse, a veces hasta en demasía, que los
hijos estén a igual altura que sus padres, mas los grandes
hombres son irrepetibles. Tal es el caso de José Francisco
Martí y Zayas-Bazán, quien arrastró hasta el final de sus
días el enorme peso que significaba ser hijo de uno de talla
universal como José Martí. En el caso de Pepito podemos
afirmar que cumplió con su progenitor, porque vivió puro y
fue justo.
Poco
tiempo pudo permanecer nuestro Héroe Nacional junto a su
hijo. Cuando Carmen Zayas-Bazán, la esposa del Maestro,
regresa de Nueva York el 27 de agosto de 1891, será la
última vez que Martí esté junto a su Ismaelillo, de apenas
12 años.
Su
atormentada vida de revolucionario que se entrega, en cuerpo
y alma, a la causa de la independencia de su Patria, y lo
sacrifica todo, incluso a la familia, no le permite ese goce.
¿Qué
tiempo han podido disfrutar del cariño mutuo esos dos seres?
Puede resumirse así:
Del 22
de noviembre de 1878 al 25 de septiembre de 1879, tiempo que
va desde el nacimiento del niño hasta la segunda deportación
del padre; los siete meses que dura la primera estancia de
Carmen y el niño en Nueva York, entre el 3 de marzo y el 21
de octubre de 1880; los dos años y tres meses que permanecen
en aquella ciudad entre diciembre de 1882 y marzo de 1885; y
por último, el periodo que media entre el 30 de julio y el
27 de agosto de 1891.
Como
puede apreciarse, Pepito está junto a su padre solo tres
años y diez meses. Sin embargo, la influencia del Apóstol
sobre su vástago en tan breve tiempo es tal, que se verá en
las decisiones tomadas por este último en el futuro.
Hijo:
espantado de todo me refugio en ti...
"¡Qué
te diré del niño! ¡si no podrás imaginarlo! ¡Qué lengüita,
no para! Todo lo dice, te conoce y no te equivoca, se llama
Martí José, es muy valiente y lindo, no te quisiera decir
que creo será un talento, todos se asombran y yo lo adoro. ¿Cuándo
lo verás?", refería Carmen en carta enviada desde La Habana
en 1881.
De mayo
del 86 hay una dura misiva de Carmen a Martí en la que le
cuenta de sus sufrimientos y expresa que no tema, que en su
alma no caben miserias y que siempre enseñaría al niño a que
lo ame. Añade que desde ese día será el pequeño quien le
escriba y ella lo hará solo en caso extremo.
Del
niño se conserva una carta del 7 de agosto de 1886, muestra
de que Carmen cumplió su palabra:
"Papá
yo te quiero mucho. Cualquiera cosa que tú me mandes me
gustará. Mamá sabe que nunca pasará un día sin acordarme de
ti. Dicen que soy tu retrato y estoy contento. Muchos besos
de tu hijito Pepe."
Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la
utilidad de la virtud, y en ti.
Siendo
muy joven aún, llega José Francisco a la Universidad de La
Habana. Ingresa en la Escuela de Artes y Letras, y matricula
la carrera de Derecho Civil y Canónico; luego cursaría otras
asignaturas.
Sus
estudios quedan interrumpidos por la muerte trágica de su
padre en Dos Ríos. Trata de manera infructuosa de recuperar
el cadáver, y ante la imposibilidad marcha a Nueva York,
lugar desde donde envía una carta a Gonzalo de Quesada que
evidencia el gran dolor por la irreparable pérdida:
"[...]
Mi amor de hijo se ha resistido largo tiempo a creerlo. La
horrible realidad se ha impuesto a mi espíritu de tal suerte,
que mi pensamiento no puede apartarse de ese dolor [...] Soy
hijo y todo lo suyo me es sagrado [...] Tengo 16 años pero
las energías todas de mi alma, están dispuestas para llorar
a mi padre, como hijo y como cubano [...]"
Viene a
Cuba en 1896 formando parte de una de las expediciones que
se organizaban en apoyo de la guerra necesaria. No había
cumplido 17 años y ya está en la manigua bajo el mando del
general Calixto García Íñiguez; es soldado de artillería.
En
gesto de grandeza no acepta montar el caballo Baconao, que
le envía Salvador Cisneros Betancourt —el mismo que
cabalgaba Martí cuando muere—, porque "no tiene méritos para
ese honor".
Participa en varios combates, y por el arrojo mostrado en la
toma de Victoria de las Tunas recibe los grados de teniente.
Luego sería ascendido a capitán, grado con el que terminó la
contienda del 95.
Tras la
proclamación de la República, desempeña diversos cargos —llega
a ser general jefe del Ejército y secretario de Defensa
durante el gobierno de Mario García Menocal, su compañero de
armas.
A los
37 años se enamora de María Teresa Vances (Teté), único
fruto del banquero español Victoriano Vances, con quien
contrae matrimonio en 1916. De aquella unión no quedó
descendencia alguna.
El 22
de octubre de 1945 José Francisco Martí y Zayas-Bazán rindió
su último aliento, víctima de una prolongada enfermedad. Por
sus méritos recibió honores de mayor general durante el
sepelio.
El hijo
de Martí cargó con la gloria inmensa de ser engendrado por
una figura cimera de la Patria, mas no intentó ser émulo de
su padre ni se colgó nunca de los hilos luminosos de aquel
para escalar. Su gran mérito fue asimilar el ejemplo de
aquella vida ejemplar y comportarse a su altura.
Nota:
Ismaelillo, título del pequeño poemario que José
Martí dedicara a su hijo. Escrito en Venezuela entre enero y
julio de 1881. Ismael era el hijo de Abraham y Agar, tronco
de los árabes, y el nombre que alguna vez Martí dijo haber
deseado para su José Francisco.
Granma
26-01-2008
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