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En días recientes, se ha
gestado un nuevo ataque a la Organización de las Naciones Unidas,
pilar del sistema multilateral de relaciones internacionales, a
través de la campaña y las acusaciones que se han desatado en
círculos políticos de los Estados Unidos contra el señor Kofi Annan,
Secretario General de la Organización.
Esta histérica campaña contra
las Naciones Unidas ha llegado al punto de que en el Congreso de los
Estados Unidos, ha habido voces que incluso han exigido, con
sospechoso eco en cierta gran prensa norteamericana, la renuncia del
Secretario General.
Los elementos más
conservadores del Congreso norteamericano pretenden responsabilizar
al Secretario General de la ONU del mal manejo administrativo del
llamado Programa Petróleo por Alimentos, que estuviera vigente en la
ONU de 1996 al 2003, y que fue una excepción aprobada por el Consejo
de Seguridad de la ONU al brutal régimen de sanciones que con
terribles consecuencias para la población fue impuesto por ese
propio órgano a Iraq por la invasión de Kuwait en 1990.
Estas acusaciones contra el
Secretario General no aparecen ahora por casualidad. Parecería que
el Gobierno del Presidente George W. Bush está molesto por los
recientes comentarios del Secretario General Kofi Annan, quien
afirmó que la guerra en Iraq fue "ilegal". Un ataque contra el Sr.
Annan en esta coyuntura es, en realidad, un ataque contra las
Naciones Unidas y el multilateralismo en su conjunto.
Al Gobierno de los Estados
Unidos no le asiste autoridad moral y de ninguna otra naturaleza
para juzgar al Secretario General de las Naciones Unidas. Durante
los últimos años ha sido el Gobierno de los Estados Unidos el que ha
socavado la existencia misma de la Organización con su política
unilateral y de total desprecio al Derecho Internacional,
manteniendo, además, un permanente chantaje financiero a las
Naciones Unidas en su condición de principal
contribuyente.
Cuba, por tanto, al tiempo que
rechaza esta campaña, reafirma su compromiso con las Naciones
Unidas, con el multilateralismo, con su Carta, y con los principios
del Derecho Internacional, y aboga por su completa revitalización
bajo la dirección de su máxima autoridad administrativa, el
Secretario General Kofi Annan.
La Habana, 8 de diciembre
de 2004
(Granma)
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